Portada de antigua versión de Revista Libre Pensamiento

domingo, 15 de enero de 2017

Arturo Corcuera sus Baladas sobre la vida eterna y su Vertiente ideológica


ARTURO CORCUERA BALADAS DE LA VIDA ETERNA
 Por Winston Orrillo 


“Balada y partituras de la piedra” No solo alas tiene la piedra,/ también trino./ Solo los que aman, /lacerados por el fuego interior/ acercan el oído al corazón de la piedra/ y oyen una sinfonía de pájaros.” 

“Balada del poeta en la arena”:` Nacieron allí el Caballero Carmelo,/ el conde de Lemus/ y el Ají seco, héroes plumados/ de mi niñez./ Fue en la ciudad de Ica/ donde me invitaron a leer/ en un coliseo de gallos.// Salí a la arena y afiné la voz,/ elegí bien las afiladas sílabas,/ nunca antes había tenido un marco mejor/ para decir palabras cortantes y sonantes.// El poeta debe ser siempre/ un gallo de pelea.´ 

En este par de poemas, que hemos usado a guisa de epígrafes, se hallan, concentradas, algunas de las más ricas, altas, cualidades de la gran poesía de Arturo Corcuera: la sutileza para hablar del amor, el pleno dominio del ritmo del texto, del juego con la plenitud plural de los sentidos (sinestesia le llaman), que se dan, en el primer caso, con el oído del corazón de la piedra, que percibe una sinfonía de pájaros (igualmente, su cercanía, su inmersión en el mundo natural: pájaros, flores, árboles, mar, mucho mar: como que nació en Salaverry…) 

En el segundo texto, las evocaciones –siempre lo hace- de los hermanos mayores en la poesía, en el caso presente, Abraham Valdelomar y su inmortal Caballero Carmelo, lo que le permite ingresar a leer poesía nada menos que a un coliseo de gallos, que él aprovecha para espetarnos una de esas salidas muy de su estilo: “El poeta debe ser siempre un gallo de pelea”. 

Como que él lo ha sido siempre, en estas sus ocho décadas de vida, permanentemente comprometida con las más nobles causas por las que lucha la humanidad –la justicia, la democracia real, los derechos humanos- y en un medio donde el transfugismo ideológico o simplemente el abstencionismo, medran: porque los que detentan el poder en lo que el comandante Chávez llamara “el terrorismo mediático”, no perdonan a los que mantienen, como Arturo Corcuera Osores, una posición integérrima, y no mutan sus valores o se “adaptan” a los tiempos que corren (me acuerdo todos los que alababan al farsante Fukuyama cuando enunciaba aquello de que la Revolución Social estaba ya RIP). Y, asimismo, cómo se llenan la boca (sucia) los que (nos) llaman, a los consecuentes, dinosaurios o que no se adaptan a los “nuevos tiempos”. 

El nuevo libro de Arturo –confieso mi ineptitud en matemáticas elementales- no sé qué número es, pero, lo único que puedo decir es que, cada uno, deviene mejor que el anterior, claro si exceptuamos Noé delirante que es su opera omnia, y edición tras edición, gana nuevos y más entrañables adeptos (y adictos). 

Baladas de la piedra, del amor y de la muerte (Ediciones EL Nocedal S.A.C.,Lima, 1916) es un volumen que reúne, elemento por elemento, el canto a las piedras que, paradójicamente, son el símbolo de lo natural, de la naturaleza, porque solo los estólidos pueden creer que la piedra no es algo vivo (basta leer algunos de sus textos más memorables). 

¿Y del amor? Posiblemente no haya, en los tiempos que corren, en la poesía de nuestra lengua –y de las otras- que cante con tal belleza (ya haremos las citas correspondientes) este sentimiento en el que se sustenta la existencia plena de la humanidad. 

¿Y sobre la muerte? El libro está ahíto de alusiones, en algunos casos verdaderos exorcismos a la quijaruda, la sin hueso…et al. Veremos, asimismo, la reproducciones de algunos de los estremecedores poemas- testimonios en los que Arturo lleva la palabra a límites, paradójicamente vitales, difícilmente accesibles. 

Los poetas tenemos, a lo largo de nuestras vicisitudes, muchos espejismos amorosos que, generalmente, culminan en uno solo: tal el caso de Arturo Corcuera con Rosi, su musa de Barco de Ávila, cantada y descrita en su habitación del empíreo, vale decir, la convivencia familiar: primero reproduciremos un texto con alusión indirecta, y luego uno con ella como leitmotiv: 

“Balada de la gota de agua. ` Mi amada transparente y pura/ se asemeja a una gota de agua:/ en una gota de agua cabe la luz del día,/ en una gota de agua cabe el silencio,/ todo el misterio de la luna cabe,/ toda la poesía.// El amor poderoso que le tengo/ yo lo comparo a una gota de agua:/ la gota de agua horada la piedra./ la gota de agua horada la piedra,/ la gota de agua forma arroyos, ríos, /mares ¿qué es el mar´/ sino millones de años de rocío?´´ 

“Balada o canción de otoño a mi Rosinea de Barco de Ávila” “Don Quijote/ ¡Su mirada es pura como el hacha del crimen,/ su mirada es profunda como voz del abismo,/ como música de la Nada, como canción del vacío.”Juan Ríos.// `Está hecha de caña y de colmena,/ un manantial en flor la musa mía,/ es espiga y es bosque y es la Luna,/ y es ella más hermosa todavía.// Arropada de ensueños su mirada/ endulza el mar cuando se pone el día,/ resplandece en la tarde y en la noche/ y es ella más hermosa todavía .// Es bella el agua, bella la centella,/ bella la llama ardiendo de alegría,/ una caricia, una sonrisa suya/ y es ella más hermosa todavía.// A la luz, en su jaula de diamante,/ a la fuente embriagada de armonía,/ a la tierra, a la lluvia la comparo/ y es ella más hermosa todavía,// En medio de las hojas del otoño/ cuando la luz es más sombría,/ mi corazón siempre la mira hermosa/ y es ella más hermosa todavía.” 

Pero el poeta no ignora la sociedad abyectamente capitalista y neoliberal que padecemos. Por ello su látigo irónico lo blande no pocas veces. He aquí una de ellas: 

“Balada del juglar enamorado”: `Puso a prueba su fantasía/ dedicándole a su amada/ los más dulces yambos/ y no pudo conquistarla: la música de un poema/ no puede rivalizar/ con el mínimo sonido/ de un collar de brillantes´ 

Respecto a la quijaruda, la muerte, el último elemento del título, un poeta, cuyo nombre no voy a citar, me comentó que, parecía, el volumen, una suerte de despedida del bardo, ya no como en Vallejo (“me moriré en París con aguacero”; o Javier Heraud: “yo no me río de la muerte”…) sino textos completos en los que el bardo, consciente plenamente de esta lucha desigual, utiliza sus armas, las palabras para darnos el más vivo testimonio de alguien que, ni siquiera en este caso, ante lo ciertamente inevitable, baja la cerviz (como ha sido su vida entera); y sobre ello, son sus armas: poetiza y deja, indelebles, para la lírica contemporánea, vívidos testimonios que no resistimos la tentación de citar, en su integridad,: 

“Balada de la forastera” `La luna sola/ por la alameda./ La faz borrosa,/ cara de enferma, /mira sin ojos,/ sin labios besa,/ desgreña el viento/ su cabellera; /respira escarcha,/ vaho de niebla; / pálida sombra/ va por la arena;/ de sus andares/ no queda huella,/ de su silencio/ solo una mueca; / cumple una cita,/ busca lo umbroso/ y hace una seña,/ guadaña en mano, /la forastera´ 

Y la rebeldía ante lo inevitable. Leamos: “Balada de la ultima ofrenda” 

`Me niego a que se pudran estas venas,/ por las que mis padres y otros míos navegan viniendo desde tan lejos; no quiero ese final para estos ojos/ con los que miro y lloro,/ para estos pies/ que beben andando sobre la tierra/ la sed de los caminos;/ no se volverán carroña, merienda/ de gusanos este cerebro/ ni este corazón cuando yazgan sin irrigación, inmóviles;/ nacieron mis brazos para abrazar. Llegará el día/ de abrasarse, incinerar lo que quede de este cuerpo./ No sabe hacer otra cosa que arder,/ ese es su destino,/ ese será el incienso que ofrendaré a los dioses.´ 

Y, finalmente, el legado, no exento, sin embargo del estilo del gran lírico que es Arturo: pleno de ironía, como una suerte de anticlímax frente a las circunstancias de marca mayor que aquí se tratan: 

“Balada del pequeño legado a propios y extraños” `Hoy día de mis funerales,/ les dejo a todos, equitativamente, mi cuerpo injuriado por los años,/ los vientos y los pájaros./ A Rosi, mi mujer, le dejo mis labios besados por la muerte, esa desconocida./ A los hijos, mis ojos (nunca cerrados ni cuando sueñan)./ Mis patas de gallo, a la muchacha que me observa taciturna y ya/ no espera, en la noche de su corazón, una madrugada. Para ella/ también mi pelo blanco./ El gesto, menos rígido, a mis hermanos./ Mis pulmones, que no probaron cigarrillo, a quien le hiciera falta/ un poco de oxígeno,/ Mi apretón de manos al forastero que a menudo tocó mi puerta./ Partículas de estrellas mis testículos y mis genes al espacio sideral./ Mis piernas flacas, a los caminos (todos conducen a las nubes o a/ los cipreses./ Mis tobillos, al oscuro andarín de la noche./ El rubor de mi palidez, a los crepúsculos./ al grillo, mis cuerdas de juglar./ Mi capa, a los murciélagos./ Mi memoria al mar./ Al muelle de Salaverry, mi pañuelo de adiós: me voy con las gaviotas detrás de los barcos./ Mis delirios, al viento de Chillán y su antología de Aire,./ El madero vacío, a los gusanos (siento decirles que se quedarán/ sin cena)./ A los amigos mi última broma: no les dejo nada./ Les dejo todo: el encargo de incinerarme.” 

No emplearé espacio ni tiempo para hacer un acopio de la exuberante trayectoria literaria de Arturo, plasmada en importantes preseas ganadas en Cuba, Rumanía, Chile, España y, en nuestra patria, el codiciado Premio Nacional y los César Vallejo y José María Eguren. 

Su obra está traducida a más de 10 idiomas y ha dado conferencias en el mundo entero, adonde viajara en continuas misiones culturales. 

Su obra poética, felizmente, ha alcanzado grandes tiradas al ser publicada por la Unesco, la Unicef, Rada Barden, El fondo de Cultura Económica de México. Su libro Noé Delirante, con más de doce ediciones al salir en formato de Periolibros, alcanzó miles de ejemplares.




ARTURO CORCUERA MÁS SOBRE BALADAS DE LA VIDA ETERNA
Por Winston Orrillo

“Balada de la brevedad de la vida” `Ahí está el poema, /destellando esta mañana. Lo concluí después de paciente escritura./ Icé la luz en su gema./ Diviso desde mi ventana/ la silente hermosura/ de una rosa levemente/ doblada que besa la tierra./ Admiro la altivez de su muerte infinita./ escribo sobre su sombra:/ como la rosa y desteñida/ el poema también se marchita.”

A.C.

¿Por qué una segunda reseña sobre un libro muy reciente, calientito? Obviamente porque este cronista cree –está seguro- que no lo ha dicho todo, y asimismo, porque, además, una reseña es un espacio muy reducido para, especialmente en este caso, relevar las altísimas cualidades de un poemario que tiene de todo…y para todos.

Se halla esa sensación de entronque con el paso del tiempo, ese exorcizar la caducidad de todo lo terreno, así como el sentido –muy de Arturo Corcuera- de cantar a la naturaleza, pero no solo ello, sino aprehender los secretos de la misma, premunido como está, siempre, de su humor y esa capacidad de observación que llega hasta los metalenguajes de lo que existe.

Su amor por lo vivo –que no necesariamente se circunscribe a lo humano- se encuentra, verbi gratia, en el siguiente poema:

“Balada del árbol que añora” `Tiempos aquellos/en que los árboles caminaban.// Impedidos de moverse/ ven hoy pasar ríos,/ trenes, pájaros,/ hombres en sus carretas,/ mujeres con sus azadones.// Amarrados a la tierra/ los árboles añoran/ aquellos años maravillosos,/ y en el otoño aprovechan/ para echar a volar sus hojas.´

Siempre, permanentemente, aquello que hogaño ignoran muchos que se dicen poetas: el estar atentos a la naturaleza, a nuestro entorno:

“Balada del río que ama! `Discurre el río cantando, / está enamorado/ ´ de una muchacha/ que se miró en sus ondas/ y se bañó en sus aguas.´

Arturo es un gran lírico, un artista que nos pone, ante los ojos de la sensibilidad, del alma, ese mundo que, muchas veces, por la baraúnda de la vida moderna, por su trepidante discurrir, perdemos lamentablemente:

“Balada de una noche de estrellas” `Busquemos esta noche/ un tímido recodo,/ un hueco,/ una cueva olvidada.// Se ocultan las raíces/ y se abrazan/ debajo de la tierra;/ para besarse, amor mío,/ bajan ardiendo/ a los pozos las estrellas.´

Otro de los aspectos que no relevamos lo suficiente, es la vastedad cultural del poeta: ese dominio de metáforas, imágenes, ritmos, no vienen de la nada, sino de un cúmulo de lecturas, lo que, mutatis mutandis, se denomina la cultura, con lo que le dice –especialmente a los aprendices de liridas- que nada nace de la nada: que existe una tradición, necesaria de aprender, de dominar: en nuestro caso –para muchos ahítos de poesía de allende los mares, la mayoría de las veces en precarias traducciones-, él parece indicarles: lean a los clásicos españoles, aprendan y aprehendan de ellos (lo que repite este cronista). 

Por eso, frecuentar a Quevedo – D.Francisco de Quevedo y Villegas, señor de la Torre de Juan de Abad: a quien Vallejo, sí, Vallejo, adoraba. Quevedo el de “polvo será, mas polvo enamorado”. Espigar en Góngora, el alarife de la metáfora; en Garcilaso de la Vega –“corrientes aguas, puras, cristalinas,/ árboles que os estáis mirando en ellas”, para no mencionar sino a algunos, sin olvidar a la inmensa Sor Juana Inés: “Hombres necios que acusáis a la mujer…”

Y, por cierto, a los señeros maestros de Nuestra América: Neruda, Huidobro, Vallejo; y, más recientemente, para solo citar a un inabarcable bardo peruano: Alejandro –Xano- Romualdo, impertérrito maestro de la forma y del compromiso, al que no podrán matar los que nos quieren matar:

“amado por todas las desgracias,/ duerme su voz/ sonando/ fuerte aun amortajado,/ atado al silencio de su corazón/ que resiste sin una sombra que lo alumbre,/ el enemigo se empecina en callarlo,/ arrodillarlo/ silenciarlo y olvidarlo,/ desbarrancarlo,/ intentos vanos,/ lo sazonarán/ ¡Y no podrán comerlo los gusanos”. 

Romualdo, maestro eximio de la forma –a la que constantemente transformaba- fue un conocedor exhaustivo de la poesía de nuestra lengua.

Pero no basta la poesía, el gran poeta debe, tiene que poseer una cultura universal: y ella comienza, sin ninguna duda, en la filosofía. Por ello no resistimos la tentación de citar un texto en el que nuestro Arturo evoca al conocido como “El oscuro”:

“Balada con alusiones a Heráclito” `1 Solo el hombre se baña/ dos veces en el mismo charco/ de sangre.// 2 Con los mismos forados/ pasan los muertos/ en las mismas aguas del río/ de innumerables ciudades.´

En esta nueva reseña, no podemos dejar de relevar una de las características más singulares de nuestro poeta: su capacidad para internarse en los meandros de la modernidad, y, sobre todo, de ese mundo inevitable de los cómics, a los que, por cierto, desmitifica…poéticamente.

Veamos, pues, un personaje arquetípico, que le sirve para uno de sus “remates” paradigmáticos:

“Balada del llanero solitario” `La poesía es un caballo chúcaro, no hay vaquero que no quede magullado al primer corcovo por montarlo a pelo, aferrado a sus crines: es Rocinante cargando los delirios del Quijote, demasiado peso para su esqueleto anoréxico; es Babieca conduciendo al Cid Campeador en su lomo por los campos humeantes de Valencia;/ es Pegaso enseñándole a volar y lanzando a los aires a Christopher Revee (no a Clar Kent) hasta convertirlo en Superman; es aquel/ alazán de totora, remontando los atardeceres en las olas de los/ mares de Huanchaco; y es también mi menudo jamelgo de madera/ llevando en su montura mi infancia por sueños y praderas.// La poesía es el caballo blanco del llanero solitario que es el poeta.´

Solo haremos, a guisa de colofón, en esta nueva reseña, la cita de un soberbio poema a la finitud del propio poeta, algo así como aquello que llaman “premonición”, pero muy a la manera de Arturo: con su irrevocable, inexhaustible rebelión, sin bajar la cerviz.

Mas ahora, como una muestra de la gran poesía lírica del bardo, y con una originalidad a toda prueba, transcribimos un canto a una poco explorada zona de la geografía femenina: las rodillas. Por favor, ayúdenme,¿ quiénes han cantado a las rodillas?

Bueno, he aquí cómo lo hace nuestro liróforo:

“Balada a manera de Salmo” `No los contundentes poemas del egipcio Almada Aishawy,/ intensos y misteriosos,/ no la poesía completa de esta tarde/ recitada en la plaza de la Merced;/ nada se compara a la hermosura/ de tus rodillas/ modeladas por un leve rayo de luz/ que el viento, deteniéndose, las besa con devoción;/ tus rodillas en silencio como la mudez de las campanas, altivas como pequeñas cúpulas; /la noche sale con su mantilla oscura/ de la antigua iglesia de piedra/ y se inclina con ternura ante tus rodillas/ para decir su oración, mientras yo,/ tembloroso y tímido escribo este salmo/ que tú viste nacer, /pidiéndote que lo guardes o lo destruyas.´

El título es idóneo, porque tiene una vertiente religiosa, un matiz de culto al referirnos a esa poco frecuentada zona de la geografía femenina (y por cierto, pido disculpas, humildemente, a los que tengan otras “opciones”).

Y, lo prometido, solo un par de poemas en los que Arturo evoca a la de la guadaña, a la carcancha, a la renga…mas con ese humor que nos devuelve a la vida:

“Balada de la intrusa de las tinieblas” `No de viejo/ no en una acción heroica, no de muerte natural,/ a esta edad sólo se puede morir/ acunado en los brazos de la Venus del Milo/ o de una top model,/ forma que asume a veces/ la Huesuda.”

O, finalmente, un texto de altísima calidad lírica, donde la dilacerada condición humana, y la respuesta del bardo, van de la misma mano:

“Balada del juglar inmóvil” `Deshecho,/ pellejo pegado al hueso,/ carcomido por el musgo, el esqueleto hundido hasta las orejas; incinerado, emanando hedores,/ los oídos perforados,/ hecho cenizas,/ continuaré escuchando el canto de los ruiseñores´

Como hacíamos en las aulas –los que hemos consumido varias décadas de nuestras vidas en aquéllas: ¡levanten la mano quienes no están apremiados por leer Baladas de la piedra, del amor y de la muerte 

(Ediciones El Nocedal S.A.C., Lima, diciembre, 1916), que hemos reseñado por segunda vez, pero nada nos dice que será la última.



ARTURO CORCUERA III: LA VERTIENTE IDEOLÓGICA
por Winston Orrillo

“…un acento personal y una agudeza poco frecuente en el hallazgo del símbolo; así como también que el lenguaje compone una textura de muy sutiles asociaciones formales y semánticas, e incluso de elegante humorismo; todo lo que hace luz sobre un universo poético original, sin desmedro de la postura militante que Corcuera asume frente a la realidad.”
​​​​​​Alberto Escobar

“Fábula del escarabajo” `Le huyen los saltamontes./ Las arañas detienen/ minúsculos talleres.// Las cigarras enmudecen/ mientras irradia sombras.// Burgués contaminado,/ escaravaro,/ escabizbajo,/ lleva un mundo en sus manos,/ maese escarabajo´
​​​​​​A.C.

Uno de los malhablados, que medran por allí, cuestiona lo que él llama mi “súbito interés” por la poesía del autor de Noé Delirante. Pues a él le respondo, y para información general, doy el dato que, en la Sección Cultural, que dirigía el suscrito, en la fenecida revista Oiga, de hace 49 años ( Nº 284, del 2 de agosto de 1968) escribí un artículo “Arturo Corcuera, un poeta de clase que habla con desparpajo”, en el que aludía a su polémico y revelador libro Poesía de clase y analizaba no solo su contenido, sino que me detenía en su continente: el lenguaje, los mecanismos expresivos, que el poeta ha ido madurando obra tras obra.

Sin demostrar fatiga alguna, sino, más bien, logrando una maestría que, sumada a su permanente y buido sentido del humor, nos hace arribar a la pequeña obra maestra (Baladas de la piedra, del amor y de la muerte) que, por tercera vez –y esperamos sea la última- comentamos.

Recuerdo que, en lo que hemos señalado en párrafos anteriores, el poeta hace uso no sólo del humor desenfadado, que divierte, sino de aquel que desmitifica y nos permite ingresar –vía maestro manejo de la lengua- al meollo de lo criticable. Cito de memoria: “En general, le gustó mucho el descanso, al general…” lo cual es un bofetón (literario) a la miríada de gobiernos en los que los milicos han medrado…con poco trabajo y oneroso dispendio del erario (me permito, por cierto, corregir el craso error en el que incurren los que perpetran aquello del erario nacional.)

En fin, Corcuera desarrolla una obra literaria que, amén del maestro uso del universo literario, se halla comprometida….y ya sé cómo saltarán aquellos que, piensan y sostienen, desvergonzadamente, que el término “compromiso” es como una suerte de mala palabra, obsoleta de toda obsolescencia, con lo cual –fieles discípulos del equívoco Fukuyama- remachan aquello del fin de la historia, que debe traducirse como el fin de las ideologías… (claro, para que sólo medre la suya: la del capitalismo neoliberal o con cualquier súbito travestismo…. Mientras ellos gozan de becas, subvenciones y estancias muy bien pagadas en las metrópolis de moda, y, entre nosotros, medran en los suplementos culturales y lo mediático-basura).

Mas, la obra comprometida de nuestro gran poeta, no descuida un ápice su altísima calidad literaria, pero sabe asumir su militancia junto a las luchas, verbi gratia, de Nuestra América, y la suya se alínea con el Primer Territorio Libre en América, Cuba (un poema suyo dedicado a Fidel -es casi vox populi- constituye una de las preseas más esclarecidas en medio de los cientos de homenajes a quien –momentáneamente- acaba de dejarnos. La patria de Martí, “honrar, honra, ha condecorado reciente y muy justamente a A.C.). Asimismo, nuestro lirida ama y defiende a Nicaragua sandinista, al Estado plurinacional de Bolivia; a la República Bolivariana de Venezuela: a la del inmortal comandante Hugo Chávez y a la del Presidente-Obrero Nicolás Maduro, amenazado por el imperio norteamericano y sus adláteres; al Uruguay de Pepe Mujica (no al de ahora); al Ecuador de la Revolución Ciudadana, de Rafael Correa; al Brasil en el que atropellaron a Dilma; a la hermana Argentina, a la que hoy está desvalijando ese agente trasnacional apellidado Macri, señor de las cuentas off-shore… En fin, y en el mundo, ese ancho y vasto mundo, por cierto la Mater et Magistra, la entrañable URSS (de vacaciones by the moment), y la entonces República Popular de Bulgaria (y sus inolvidables Congresos Mundiales de Escritores en Defensa de la Paz Mundial: la patria del héroe nacional Jorge Dimitrov), y Rumanía y Polonia…

En nuestro doloroso país, Arturo es una de las primeras voces (en medio, en muchas oportunidades, de un mutismo atronador) que se alza para las protestas, para la defensa de los derechos de las mayorías, para la denuncia de los desaguisados y las traiciones ad usum. Nuestro poeta cree, férvidamente, en que solo la unidad de los sectores de izquierda y progresistas, será el arma para derrotar a la podredumbre enquistada en el Gobierno, tanto en el Parlamento como en el Palacio de Pizarro. Sólo bastaría citar sus defensas de la invicta memoria de Javier Heraud y de las luchas de Alejandro Romualdo y del compromiso de grandes bardos como Gustavo Valcárcel o Juan Gonzalo Rose o Mario Florián, entre varios otros mencionables.

Asimismo, es paradigmático su afecto y sus orientaciones a los poetas de las siguientes generaciones a los que invita a su dacha de la Avenida Santa Inés, en Chaclacayo que, seguramente, más temprano que tarde, será el vivo Museo de nuestro inabarcable poeta Daniel Arturo Corcuera Osores paradigma de “gallo de pelea” en la lirica y en la vida.

Y queremos terminar, es un decir, con la cita completa de un texto del libro que reseñamos (por III vez) y que es, precisamente, una muestra del estilo desmitificador (político) del bardo:

“Balada de los poderosos” 

`Se disputan/ destrucción y muerte,/ lo arrasan todo./ El día que se vieron,/ cara a cara,/ torvos y luctuosos,/ codo a codo,/ se aliaron/ ojo a ojo:/ el ojo de la tormenta/ y el ojo del huracán´.

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Arturo Corcuera en la villa de Santa Inés
Chaclacayo, 2 de enero, 2016
foto: Marcela Pérez Silva

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