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miércoles, 23 de noviembre de 2016

Tres hipótesis para el actual momento que vive Venezuela Bolivariana

Tres hipótesis para el actual momento que vive Venezuela Bolivariana
POR GUILLERMO CIÉZAR 

Resumen Latinoamericano, 23 noviembre 2016.-

– Perder el gobierno.

– Mantener el gobierno congelando la Revolución.

– Mantener el gobierno avanzando en la Revolución.

Perder el gobierno.

La posibilidad de perder el gobierno estuvo muy presente, durante los nueve largos meses transcurridos entre diciembre de 2015 y agosto de 2016.

Una pérdida coyuntural del gobierno no significa una irremediable derrota de la Revolución, pero genera condiciones más adversas para sostener y avanzar con el proceso transformador. Desde esa certeza política durante esos meses angustiosos, conservar el gobierno se convirtió en una prioridad política del conjunto de las fuerzas chavistas.

Después de la derrota electoral del 6 de diciembre de 2015 se agudizaron los efectos de la guerra económica, que se combinaron con el agravamiento de la caída de los precios del petróleo que llegaron a un piso de 22 dólares, la reducción del ingreso por exportaciones que llegó a cero, y una persistente sequía que afectaba a la provisión de la energía eléctrica y a la agricultura.

El mes de mayo de 2016 representó el punto más álgido de esa crisis, y la posibilidad de perder el gobierno se convirtió en un acontecimiento muy cercano.

Algunas estadísticas precisaban que en esta situación catastrófica solo el 20 % de la población respaldaba al presidente Maduro.

Frente a esa situación que parecía terminal distintos actores de la política nacional asumieron diversas actitudes políticas que me parece necesario puntualizar.

– La parte mayoritaria del pueblo, que se define como chavista o no se identifica con la oposición (aunque puede votarla) decidió no plegarse a la incitación permanente a la explosión social y los saqueos, que animó fervorosamente la derecha desde las declaraciones públicas de sus dirigentes y mediante la persistente agitación de sus activistas en las colas.

Una parte reducida pero muy comprometida del pueblo chavista, siguió batallando cotidianamente, obstinadamente. Las organizaciones de base del chavismo no implosionaron. Los consejos comunales y las unidades básicas del PSUV no se paralizaron. Sin poder exceder lo local y muy restringidas a la supervivencia, las Comunas se mantuvieron en pie.

– El Presidente Maduro tuvo la valentía de no renunciar a su cargo y seguir defendiendo el imaginario de orientación socialista en un momento en que su gobierno estaba desbordado por la guerra económica, y el propio presidente estaba sometido a fuertes presiones internas que le proponían una claudicación con la burguesía. Quizás pueda reprochársele que, a diferencia de la actitud tomada por Fidel y el gobierno cubano, que durante el Período Especial explicitaron al pueblo con mucha claridad las dificultades a afrontar y los sacrificios que consideraban como imprescindible para sobrevivir; el gobierno de Maduro haya elegido la vía de clandestinizar las concesiones realizadas y apelar permanentemente a una serie de anuncios de medidas salvadoras y eventuales mejoras que, al no cumplirse, desgastaron su credibilidad política. El ascenso vertiginoso del empresario Miguel Pérez Abad a la Vicepresidencia de Economía y su abrupta caída, ilustran ese hermetismo sobre el motivo de las decisiones de gobierno. Nunca se informó con claridad porque llegó, ni porque se fue.

Entre todas las medidas anunciadas por el Presidente deben rescatarse especialmente dos que fueron efectivas: la constitución de los Comités Locales y de Abastecimiento y Producción Solidaria (CLAPS) y la creación de la Misión de Abastecimiento Soberano.

Un sector del chavismo que se resignó a una derrota inexorable y a la perdida del gobierno y la Revolución, empezó a planificar la retirada o a promover un acercamiento con la aposición y la burguesía local que, según sus cálculos, iban a regresar al gobierno. Esta actitud derrotista fue compartida por distintos sectores. Entre ellos quienes presionaron al Presidente para que renuncie o se entregue, por los corruptos que acentuaron sus prácticas de pillaje para irse con las maletas más llenas, por apoltronadas burócratas de algunas gobernaciones y alcaldías que acentuaron su tendencia a la inacción, pero también por algunos referentes de izquierda que empezaron a visitar cada vez mas frecuentemente los estudios de Globovisión y otros medios de la derecha.

La derecha opositora fue sorprendida por el amplio triunfo electoral que les entregó el control de la Asamblea Nacional, y se abalanzó sobre la posibilidad de recuperar inmediatamente el gobierno sin poder articular una estrategia común. Privilegiando sus disputa internas dejó pasar el momento adecuado para iniciar el Referéndum Revocatorio y tampoco tuvo capacidad de capitalizar el peor momento de descrédito del gobierno chavista. Su abortada decisión de dar un golpe de Estado desde la Asamblea Nacional, se inscribe en su búsqueda desesperada por desalojar al Presidente, consciente de que el transcurso del tiempo le empezaba a jugar en contra.

En un contexto determinado por las diversas actitudes asumidas, se cotejaron fuerzas en la calle el 1 de setiembre de 2016, ante la convocatoria a “La toma de Caracas”, por parte de la oposición. La decisión del sector más comprometido del chavismo de movilizarse frustró los planes desestabilizadores, victoria que se acentuó con el estrepitoso fracaso del paro nacional convocado por la MUD.

Diluido el escenario de explosión social y habiendo perdido la calle, la oposición se aferró a sus apoyos externos que aparecían fortalecidos por el ascenso de gobiernos de derecha e Brasil y Argentina, y la posibilidad de incluirse en la agenda electoral norteamericana, promoviendo una intervención externa del país. La convocatoria a diálogo con intervención del Vaticano, y la posterior derrota de Hilary Clinton, a quien habían apoyado, complicaron por ahora el accionar de sus apoyos externos.

Como resultado de lo acontecido advertimos que la posibilidad de perder el gobierno como hipótesis posible ha ido diluyéndose en los últimos meses de 2016, y postergándose hasta las elecciones de 2018, donde chavismo y oposición tendrán que confrontar electoralmente por la presidencia.

Para ese desafío el chavismo cuenta a su favor una muy posible normalización de los precios del petróleo en niveles más elevados que los actuales (se calcula entre 60 y 70 dólares el barril), un eventual aflojamiento de las presiones imperiales (si es que Trump cumple con su anunciado repliegue), y una estructura de producción de productos básicos menos dependiente de las compras externas, como resultado del desarrollo de las fuerzas productivas locales promovidas por la crisis dirigidas a sustituir importaciones.

En contra deben contabilizarse el desgaste producido en la figura del Presidente Maduro y las consecuencias de una eventual puja por la sucesión, donde deben contabilizarse las pretensiones de un sector propenso a privilegiar las decisiones del aparato del Partido, y las que emanan de la gestión del viejo Estado, incluyendo los intereses de sectores de las Fuerzas Armadas involucrados en negociados, por encima del protagonismo popular y la construcción de una nueva institucionalidad. Si se concreta la preponderancia de ese sector que no se preocupa por construir hegemonía en la sociedad venezolana, ni de promover poder popular, no solo se afectará al proceso revolucionario, sino que además, se pueden perder las elecciones a manos de un candidato que sea capaz de unificar a la oposición.

Mantener el gobierno sacrificando la Revolución

Hacer una Revolución es una tarea extremadamente difícil, que insume esfuerzos extraordinarios y está destinada a sufrir ataques feroces y permanentes de todas las fuerzas capitalistas del planeta. Intentar hacer una Revolución en soledad, como lo ha venido haciendo desde hace 57 años Cuba y la están intentando hacer Venezuela y Bolivia, es una tarea heroica. 

El espejo en que debemos mirarnos para caracterizar lo que puede suceder si se sacrifica la revolución manteniendo el gobierno es lo ocurrido en la Unión Soviética después de la muerte de Lenin en 1924. Fallecido el líder y después de un breve período de diputas internas en el poder que culminan en 1930, Stalin asumió definitivamente el control. Allí se inició un proceso donde progresivamente el Partido fue reemplazando a los trabajadores y a sus organizaciones de base, los soviets, como sujeto transformador. Finalmente una cúpula dirigente enquistada en Estado reemplazó al Partido, conservando la continuidad de un gobierno y el régimen político que perduró hasta 1991, pero totalmente alejado de sus objetivos socialistas originales. Se mantuvo el gobierno durante 74 años, pero se perdió la Revolución.

Aunque resulte incómodo decirlo, e inconveniente cuando era necesario privilegiar la unidad del chavismo frente a la amenaza inminente de perder el gobierno, hay que hacerse cargo [de] que hay un sector del chavismo que no está interesado en la Revolución, ni en hacer irreversible la construcción del socialismo.

Integran este sector los que nunca creyeron pero “le llevaron la corriente a Chávez”, y otros que alguna vez creyeron, pero se cansaron o se corrompieron. Haciendo un repaso, por ejemplo de los 20 gobernadores chavistas, no resulta difícil advertir que buena parte de ellos solo apelan al socialismo desde lo discursivo, pero su práctica, la orientación de sus acciones va en otra dirección. Con mucha crudeza en el relato sobre el bautizo del chiguire, incluido en el Golpe de Timón, el Comandante Chávez advertía sobre estas acciones de encubrimiento. Quizás nadie como Chávez podía identificar estas defecciones, muchos de ellos habían sido sus compañeros de armas y lo venían acompañando desde la rebelión militar de 1992.

El estar comprometidos o no con el horizonte socialista, promueven distintas lecturas de los hechos transitados por el proceso bolivariano.

El gobierno de Chávez realizó importantes esfuerzos para promover el desarrollo endógeno desde las bases populares. Con la Misión Vuelvan Caras se invirtieron millones de dólares en planes que promovían el trabajo productivo, en gestar cooperativas en el campo y las ciudades, que en la mayoría de los casos fracasaron. Algo parecido ocurrió con empresas expropiadas que pasaron a manos del Estado, muchas de ellas en situación de quiebra por sus condiciones obsoletas. Seguramente se cometieron errores, como fue la falta de seguimiento y acompañamiento en la formación política, pero el problema no fue tanto equivocarse, algo normal en toda experiencia nueva, sino la lectura que se hizo de estos fracasos.

Había distintas lecturas posibles.

Una de ellas era reconocer que en Venezuela se empezó a hacer una Revolución partiendo de niveles extremadamente bajos de acumulación popular, de reducidos desarrollos de conciencia y organización, pero además desde una matriz petrolera rentista exportadora que estaba fuertemente afincada culturalmente en toda la sociedad, incluido el pueblo más humilde. En esas condiciones la transición desde una cultura de trabajo con experiencia en servicios y en particular en la actividad comercial de compra y venta, a una cultura de trabajo productiva como la que requiere la producción agropecuaria o la industria, iba a ser un proceso muy complicado, que llevaría años de ensayo y error. No bastaba poner reales, para que floreciera desde las bases una economía productiva y las empresas en manos del Estado fueran eficientes, sino que el asunto merecía un enorme esfuerzo de revisión permanente, promoción y contraloría. Significaba no desalentarse ante los primeros tropiezos e insistir en la tarea para involucrar al pueblo en este cambio cultural y formar y controlar políticamente a los servidores públicos asignados a esa tarea de formación, promoción y contraloría…

Otra lectura fue concluir que el fracaso era inevitable y de la que solo podían ocuparse de la producción quienes tenían experiencia acumulada, los burgueses. Desde esa lectura, si se dificultaban los acuerdos para producir con los burgueses locales, había que salir a comprar a los burgueses de otros países amigos, por ejemplos a los de la multinacional Saadía de origen brasileño, que produce pollos, o a las multinacionales Sancor y la Serenísima, de origen argentino que producen leche.

La idea de la importación no era novedosa, reproducía lo que desde hacia 100 años venían haciendo las clases dominantes venezolanas, producir petróleo y el resto comprarlo afuera. La corrupción que generan las comisiones por importación tampoco eran novedosas, lo que cambió es que una importante cantidad de funcionarios de gobiernos se involucraron en esos negociados.

El atajo de la importación colapsó con la caída de los precios del petróleo, y entonces hubo que privilegiar la producción nacional.

Aquí la discusión sobre quién tenía que asumir esa tarea tuvo el componente adicional de que el Estado estaba desfinanciado, pero igual controlaba los escasos dólares que ingresaban al país.

Podría resumirse que la decisión del gobierno en esa encrucijada ha sido

mantener el control de las empresas del estado, transformando a muchas de ellas en empresas mixtas con aporte de capital privado, casi siempre extranjero (los empresarios y el Estado de China están a la cabeza de esas inversiones).

realizar acuerdos con sectores burgueses locales para promover la producción, como son los créditos de fomento aportados por el Ministerio de Agroindustria y la banca pública a productores agropecuarios medianos y grandes.

seguir asignando dólares a empresarios privados, ahora por producción, tratando de ajustar lo mecanismos de seguimiento y contraloría.

– Promover nuevas actividades extractivas, como son las inversiones en el Arco Minero, que afectaran las cuantiosas reservas de minerales como el oro y el coitan que tiene el país, con posibles daños ambientales.

En la asignación de los escasos recursos existentes se advierte que la producción comunal y de los pequeños productores queda desfinanciada.

Todas estas medidas constituyen objetivamente un retroceso del proceso revolucionario y concesiones al capital local y extranjero. El gran interrogante es si se trata de sacrificios coyunturales y necesarios para sostener el gobierno y los logros de la Revolución en una coyuntura adversa, o si estos cambios empezaran a reorientar el rumbo político y económico hacia un horizonte no-socialista.

Sobre ese punto es conveniente volver a recordar que hay un sector importante del chavismo que no está interesado en el socialismo y que aspiraría a un régimen de asociación de capitalismo de Estado con sectores burgueses, como el que impera en China: o algo peor, una asociación entre capitalismo de Estado, burguesías locales y ligas mafiosas conformadas por los ex líderes del régimen socialista desvirtuado, como el que impera en Rusia.

Y también volver a comentar que planteada una disputa de proyectos, la clandestinización de los debates, afecta la información y la participación popular.

Desde algunas fuentes de la izquierda desorientada se ha reducido la cuestión a una cuestión de cúpulas que habrían abandonado el proyecto original revolucionario. Francamente creo que esto no es correcto y que la tensión entre proyectos diferentes, recorre la totalidad de las fuerzas chavistas, incluido el alto gobierno. Por eso me ha parecido muy valorable la reivindicación del imaginario socialista que ha sostenido el Presidente Maduro en las circunstancias más adversas. Por eso advierto también que el encarnizamiento de la derecha por revocar a Maduro, representa no solo la decisión de tumbar a un gobierno, sino la decisión de sacarse de encima a un dirigente que, como buen hijo de Chávez, se obstina en continuar un proyecto con orientación socialista.

Reivindicar al presidente Maduro, no debe relativizar el hecho de que el gran obstáculo para torcer el rumbo del proceso bolivariano, es el propio pueblo chavista, que en distintas circunstancias históricas ha demostrado estar a la altura de los desafíos que impone un trabajo extremadamente difícil, como es el de hacer una Revolución.

Finalmente, en la disputa que se plantea en el seno de un movimiento político donde todo se hace en nombre de Chávez, la causa del socialismo tiene un aliado decisivo en todo lo dicho y escrito por el Comandante. En particular sus últimas producciones teóricas: El Plan de la Patria y el Golpe de Timón, no dan lugar a falsas interpretaciones. Definen una hoja de ruta hacia la transición al socialismo e identifican un sujeto protagónico: Las Comunas.

Pasado el momento de extrema necesidad en que fue necesario cerrar filas y aceptar concesiones para sostener la continuidad del gobierno, se abrirá un período donde inexorablemente las discusiones quedaran explicitadas y se encarnaran en la diputas por quien será el candidato presidencial y el programa político con que afrontará el chavismo las elecciones de 2018.

Mantener el gobierno avanzando en la Revolución

La idea de que las crisis generan oportunidades, no debe interpretarse como algo necesariamente positivo. Las oportunidades se aprovechan de acuerdo a los acumulados previos en una u otra orientación determinada previamente.

He mencionado como la crisis del sector externo y el escaso abastecimiento de divisas ha sido aprovechado para que avance el capital privado.

Pero esta no es la única dirección posible.

A modo de ejemplo podemos señalar que la crisis producida por la falta de dólares que impedían importar semillas y los paquetes tecnológicos acompañantes; se encontró con usinas de pensamiento y prácticas agroecológicas que aprovecharon el vacío de insumos importados para avanzar en una dirección coherente con el Plan de La Patria y la Ley de Semillas. La crisis sirvió para que retrocediera la lógica de agronegocios y se fortaleciera la producción agroecológica.

Podríamos señalar también que la escasez de harinas, aceite y mantequilla provocó un vacío en las dietas familiares que fueron aprovechados por quienes desde hace años venían promoviendo el comer sano y en particular promocionando el consumo de verduras, hortalizas y pescado. El resultado ha sido que la mayoría de la población venezolana ha aprendido a comer mejor y ha disminuido los riesgos cardiovasculares y otras enfermedades asociadas a la obesidad y al consumo excesivo de grasas no saludables.

En la crisis se han podido desnudar con mucha claridad los mecanismos utilizados para desarrollar la guerra económica, como el ataque contra la moneda, o la estafa realizada por numerosos empresarios que importaban productos con dólares a precios preferenciales y los vendían a precios de dólar today. La difusión de los trabajos de la economista Pascualina Curcio es un aporte importante, porque contribuye a precisar como se actuó contra la economía del país y el pueblo venezolano.

La crisis también ha puesto sobre la mesa la discusión sobre las fábricas nacionalizadas o en manos de los trabajadores, un sector donde también el capital ha querido avanzar haciendo volver atrás las expropiaciones, con la complicidad de algunos alto funcionarios chavistas. A modo de ejemplo, la semana pasada los mismos patrones que sabotearon las máquinas antes de irse, ahora tratan de recuperar la Empresa Sudamericana del Soplado en Carabobo, que se ha mantenido en funcionamiento gracias a sus trabajadores.

En este sector hay un enorme potencial productivo, que debe ser defendido, potenciado y articulado en el marco de una planificación centralizada a favor del desarrollo endógeno.

Lo mismo sucede con la producción comunera que debe ser puesta en debate con respecto a sus potencialidades y logros que hoy podemos contabilizar.

Toda la argumentación sobre la regaladera de reales, de los prestamos que no fueron devueltos o fueron mal ejecutados, a los que apelan quienes pretenden justificar los avances del capital, deben cotejarse con algunos logros evidentes de la organización y la producción comunal. A modo de ejemplo: para enfrentar la ya mencionada crisis de insumos agropecuaria, hubo semillas para plantar porque había Comunas que las producían, y los paquetes tecnológicos pudieron ser reemplazados porque había Comunas que habían desarrollado el conocimiento agroecológico. Cuando hubo que garantizar un abastecimiento seguro del sector más humilde y vulnerable de la población, existían Consejos Comunales y Comunas organizadas que permitieron sustentar a los CLAPS.

Creo que la clave de la posibilidad de mantener el gobierno avanzando en la Revolución se centra en recuperar la política como un ejercicio que involucra al pueblo y se asume desde el protagonismo.

Un repaso de lo escuchado por parte de más de mil compañeros de todo el país con que realizamos tareas de formación y algunas experiencias realizadas con empresas recuperadas y productores campesinos, coinciden en el punto que la casi totalidad de esos dirigentes y activistas habían crecido al margen de la política y empezaron a interesarse escuchándolo a Chávez. Ellos que se sentían ajenos y que incluso consideraban a la política como algo sucio y tramposo, se acercaron y se animaron a protagonizar una política diferente al servicio del pueblo y de la Patria.

Lo que ha venido sucediendo en los últimos años en Venezuela es que se ha empezado a producir un fenómeno inverso al que generó Chávez. Como bien señala Reinaldo Iturriza, existe un retiro de la política por parte del pueblo. Estadísticas que cita Javier Biardieu contabilizan que alrededor del 50 % de la población venezolana hoy ya no se identifica como chavista, ni de la oposición, y también asegura que desde esa franja cada vez más importante de “independientes”, salieron los votos que garantizaron el triunfo de la oposición del 6 de diciembre de 2015.

En ese escenario de “retiro de la política”, cualquier medida que presuma que una decisión tomada en cúspides partidarias va a ser acompañada por el conjunto del pueblo, puede terminar en un absoluto fracaso. Así le pasó a la MUD con la convocatoria al paro. El hecho de que el chavismo siga ganando en la calle, porque cuenta con una capacidad organizada de movilización muy superior a la de la MUD, no garantiza un triunfo electoral. Precisamente esa situación de “retiro de la política” convierte en incierto los resultados de cualquier disputa electoral.

A modo de ejemplo en los últimos meses viví en Ciudad Zamora, un urbanismo ubicado en los Valles del Tuy, donde el chavismo se impone en las elecciones con el 85 % de los votos. Puedo asegurar que yo era uno de los pocos vecinos que elegía el canal de Venezolana de Televisión y veía programas como el de “Contacto Con Maduro” y “Con el Mazo Dando”. No pude menos que comparar lo que ocurría con los Alo. Presidente de Chávez en el año 2009, la primera vez que vine a Venezuela. En ese tiempo en los barrios populares la mayoría de las televisiones estaban encendidas en ese programa. Las personas iban y venían, se detenían a escuchar algo que les interesaba especialmente, cocinaban, volvían a escuchar a Chávez, almorzaban, se reían de una ocurrencia del Comandante, hablaban de sus temas personales. Habían aceptado a la política y a Chávez como un miembro más de su familia, de su cotidianeidad. Ahora no esta ocurriendo eso.

Creo que en este “retiro de la política” de buena parte del pueblo venezolano, hay múltiples causas.

Seguramente el desgaste producido por la guerra económica es un tema importante. La escasez, el desabastecimiento y el encarecimiento de muchos productos básicos deprimen y generan malestar.

La continuidad de viejos males que se han recrudecido en la crisis como es la corrupción policial, el maltrato a que son sometidos los ciudadanos cuando realizan trámites en oficinas públicas o bancarias, y los frecuentes cortes de agua electricidad, alimentan el desencanto.

Finalmente en todos los niveles de gobierno e incluso en las instancias partidarias ha ido avanzando un perfil de dirigentes que no cree en los poderes creadores del pueblo, y que se limita a hacerse cargo de las demandas populares desde una perspectiva de inclusión social, de atención y tutelaje, o de entretenimiento apelando a los potes de humos, a las frases encendidas, a las invocaciones emocionales a Chávez, pero con muy poco sustento, que subestiman la inteligencia popular.

Creo finalmente que en el “retiro de la política” por parte de una buena parte de la población venezolana, resuena la ausencia de una convicción política que magistralmente definió Chávez diciendo “¿Queremos resolver la pobreza? Demos poder a los pobres”. 

En este “retiro de la política”, también el pueblo está poniendo a su lugar a quienes han venido reemplazando progresivamente aquello de dar “poder a los pobres”, por “ocuparse de que los pobres estén bien”, “asistir a los pobres” y que todos los días nos hace conocer sus instrucciones para garantizar que los pobres sean atendidos.

¿Habrá un contragolpe popular que permitirá recuperar a la política como ejercicio de los comunes, de los pata en el suelo?

Hace unos meses cifrábamos muchas esperanzas en que algunos grupos y movimientos que conozco fueran capaces de articular una corriente de chavismo popular que promoviera ese contragolpe, pero no he advertido avances en esa dirección, peor aún he visto retrocesos que más bien parece retrotraer al pasado de una izquierda sin vocación de liderazgo, ni incidencia política,

Estas decepciones no significan clausurar la esperanza de que este contragolpe se produzca. Pueden estar produciéndose procesos locales que desconocemos y de los cuales nos enteremos cuando emerjan nacionalmente. Conocemos también otras iniciativas políticas de articulación que se mantienen en pie con muy bajo perfil, pero que pueden desarrollarse. Finalmente el pueblo venezolano demostró el 13 de abril de 2002, que no necesita permiso, ni promoción de nadie para autoconvocarse y cambiar la historia.

http://www.resumenlatinoamericano.org/2016/11/23/tres-hipotesis-para-el-actual-momento-que-vive-venezuela-bolivariana/

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