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lunes, 30 de noviembre de 2015

Latinoamérica no cambiará tanto con Macri


© REUTERS/ Enrique Marcarian

Latinoamérica no cambiará tanto con Macri

15:00 30.11.2015(actualizada a las 15:50 30.11.2015) 

La victoria de Mauricio Macri en Argentina es una potente señal de cambio para toda América Latina, donde los modelos de izquierda se sienten amenazados.

Si los argentinos han podido dar un giro de timón hacia la derecha, ¿por qué no puede hacerlo también el resto de la región?

En primer lugar, habría que tener claro hasta qué punto Macri va a ser capaz de iniciar y luego mantener el nuevo rumbo prometido, porque las condiciones no le son nada favorables. En política interna va a tener que hilar muy fino. Las dos cámaras del Congreso siguen todavía en manos del peronismo opositor y volver a la senda del crecimiento económico, aplicando recortes presupuestarios como se hace en Europa, afectaría a las clases menos favorecidas. "Cualquier intento de estabilizar la economía que concentre los costes en la mayoría social sería un suicidio político", considera Dante Caputo, politólogo y exministro de Asuntos Extranjeros con Raúl Alfonsín. "Si Macri consigue resolver las tensiones entre austeridad y equidad, ganará una batalla decisiva. No será fácil", añade.

Macri toma los mandos el próximo 10 de diciembre, fecha de su juramento constitucional. A partir de ese momento su gestión puede pasar a la historia sin dejar huella, aumentar las incertidumbres actuales o marcar una nueva era. Pero, pase lo que pase, ya le rodean circunstancias inéditas. Es la primera vez desde 1916, cuando se celebraron las primeras elecciones argentinas por sufragio universal, secreto y masculino, que llega a la Casa Rosada una coalición que representa al centro-derecha y a la derecha. Y es el primer presidente que no es radical ni peronista.

Los más optimistas creen incluso que el triunfo de Macri abre la puerta a la fundación de una formación política de derechas capaz de ganar elecciones en Argentina. El PRO (Propuesta Republicana) tiene todavía demasiado poco bagaje —echó a andar en 2005- y el nuevo jefe del Estado puede ser de enorme ayuda (o no) de cara a los comicios legislativos de 2017. En esa cita electoral se comprobará si el triunfo de Macri ha sido o no coyuntural, es decir, si ha sido más el fruto del cansancio de una fórmula basada en el peronismo que la atracción de loc ciudadanos hacia un modelo neoliberal que busca retirar poderes al Estado. También para entonces sabremos cuánto ha calado en otros países ese volantazo político.

Mirando hacia atrás Macri debe soñar con lo que consiguió el expresidente Carlos Menem: un giro a derecha rotundo que supo conservar el poder en dos mandatos. Y tomar en cuenta los finales prematuros de los presidentes Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde, un radical y un peronista", escribe con acierto el analista Mario Wainfeld en el periódico 

Donde sí habrá transformaciones significativas será en materia de política exterior. Macri anunció que pedirá que Venezuela sea suspendida del Mercosur mediante la aplicación de la cláusula democrática. "Lo que está pasando en Venezuela no tiene que ver con el compromiso que hemos asumido todos los argentinos", ha dicho ya el presidente electo, citando en concreto "los abusos" del Gobierno de Nicolás Maduro "con los opositores y la libertad de expresión". La cláusula democrática del Mercosur prevé la posibilidad de suspender a un país socio y hasta aplicarle sanciones comerciales o el cierre de fronteras en caso de ruptura del orden democrático. La petición, que se formalizará en la Cumbre de Presidentes del Mercosur y Estados asociados que se celebrará el próximo 21 de diciembre en La Asunción, la capital de Paraguay, supone la ruptura de facto del eje Caracas-Brasilia-Buenos Aires.

No obstante, es muy improbable que triunfe la solicitud de Macri, máxime si se celebran las elecciones legislativas venezolanas del próximo 6 de diciembre y la oposición obtiene la mayoría de los escaños, como pronostican las encuestas. Pero además, el resto de los países integrantes del Mercosur no está en absoluto por la labor de apoyar semejante puñetazo en la mesa. Empezando por Brasil y terminando por Bolivia. Unos por pragmatismo y otros por lealtad.

El propio Macri también ha adelantado que quiere convencer a Brasil para que se unan a la Alianza del Pacífico (aunque ninguno de los dos Estados limitan geográficamente con ese océano) y formar un bloque suprarregional mucho más potente. Eso supondría una estocada mortal para el Mercosur, una organización que sigue paralizada en disputas bilaterales y que lleva lustros negociando un tratado con la Unión Europea. En la práctica el bloque creado en 1991 se ha transformado en un foro político casi decorativo donde los líderes insisten en la importancia de la unión de los pueblos del Sur, pero que a la hora de la verdad no avanza hacia una verdadera integración económica o comercial.

Aunque Washington se frota las manos por el nuevo mapa político sudamericano, es posible que no haya otra vez relaciones "carnales" con Estados Unidos, tal y como ocurrió en la década de los 90 del siglo pasado. ¿Por qué? Porque lo que ahora más necesita Argentina es diversificar su oferta internacional y abrirse al exterior para atraer el mayor número de inversiones extranjeras, más allá de las chinas o las rusas.

La llegada de Macri al poder ha despertado obviamente oleadas de ánimo y esperanza entre los partidos de derecha latinoamericanos que ahora se encuentran en la oposición, especialmente los grupos políticos de Venezuela y Bolivia. Todos ellos han recibido la noticia como una bendición divina. Así, la diputada opositora venezolana, María Corina Machado, declaró: "Gana Argentina, gana Venezuela, gana América Latina, gana la democracia y la libertad". Y para Samuel Doria Medina, quien sueña desde hace 10 años con sustituir al presidente boliviano, Evo Morales: "El pueblo venció, la democracia ganó, comienza un nuevo tiempo".

¿Supone entonces la aparición en escena de Macri un cambio de ciclo? No necesariamente.

Ciertos expertos siguen viendo a Argentina como un ejemplo para toda el área. Consideran que los movimientos de izquierdas que se desarrollaron en los últimos 15 años en Sudamérica imitaron la fórmula peronista de movilizar a los pobres para luchar por una mayor distribución de la riqueza. De ahí que pronostiquen que este desplazamiento hacia la derecha que ha ocurrido en Buenos Aires va a ser copiado —como si se tratara de un efecto dominó- por aquellas otras naciones vecinas con gobiernos de izquierdas que precisamente atraviesan momentos muy delicados como consecuencia de la tormenta económica.

Pero en un mundo globalizado como el actual, ese seguidismo ya no es válido. La crisis se ha convertido en un fenómeno continental, y afecta a todos, independientemente de la ideología política de cada país. En unos Estados se asiste a la desaceleración del crecimiento; en otros más graves, a la recesión pura y dura. Las etiquetas partidistas han perdido bastante valor. En cualquier caso, no existen recetas mágicas. Cada país debe elaborar la suya propia, teniendo en cuenta sus recursos, su potencial y su pasado.

La meta común para América Latina es diseñar una hoja de ruta que genere de nuevo riqueza y empleo, pero sin perder de vista tres elementos esenciales: la integración regional, la igualdad social y la sostenibilidad, entendida ésta como el respeto al medio ambiente.

En resumen, Latinoamérica no cambiará tanto con la irrupción de un presidente argentino de derechas


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