GABRIEL
NIEZEN MATOS: UNA NOVELA PARA ESCAPAR DE
LA JAULA
Por
WINSTON ORRILLO
“No soy muy creyente que digamos y más bien
ando resentido con Dios porque no me
Ha
hecho a su imagen y semejanza. A él se le ve tan bonito en las estampitas y
en los
Cuadros del corazón de Jesús y a mí
tan maltrecho. Si en algo puedo compararme
Con Dios, para ser recíproco en lo
de su imagen y semejanza, es en el sufrimiento”….
“Eres inteligente y normal, ¿acaso
eres anormal? Tienes pequeños errores de diseño,
Nada más…”
GNM
SI hay algo que destacamos en los epígrafes
de “El
hombre que escapó de su jaula”, la nueva novela de Gabriel Niezen Matos (RUBICAN
EDITORES, Lima, 2014) es la sencillez coloquial del lenguaje y el manejo de una
suave ironía, que nimba aun las estancias más dilaceradas de esta obra: la
historia y vicisitudes de Carlos José, un hombre que sufre una severa
escoliosis, lo que nos permite entender que es su cuerpo, en realidad, su cárcel, su jaula, de donde tiene que
huir y/o vencer para adaptarse y/o poner de rodillas a un mundo despiadado y
muy difícil, que finalmente, nuestro protagonista conquista merced a una
voluntad de hierro y al desarrollo de las ideas de su admirable padrino, quien
cumple el papel de motivador y consejero permanente en todas las adversas
circunstancias –son muchas- que,
obviamente, se le presentan y no lo doblegan.
Estamos totalmente de acuerdo con María Lourdes
Cortés quien, desde la Patria de Baudelaire, destaca la importancia de la
narrativa de GNM que, en efecto, se lee “de un tirón” (la experiencia nuestra
lo confirma: prácticamente el sábado 13 de diciembre de 2014 fue, todo él,
ocupado en la decodificación de este texto, que bordea las 200 páginas).
Igualmente, subscribimos los adjetivos “amena y
divertida”, para la obra de Gabriel, así como el juicio de Iván Ruiz Ayala,
quien subraya la “naturalidad y alegría” de la obra de nuestro autor, quien,
efecto, en ésta y sus otras novelas, hace uso constante de “frases y giros
locales pertenecientes al habla popular” y, por cierto que los modismos “le dan sabor de época, pero al mismo tiempo
acercan la historia al lector…”
Como ejemplo de lo glosado, veamos, ahora, el
uso del coloquialismo y, al mismo tiempo, el empleo de un constante lenguaje
figurado –lo que nos recuerda que Niezen, asimismo, ha incursionado en el campo
de la poiesis (el anuncio de la
solapa nos hace saber que él “Tiene culminadas una obra teatral, un libro de
poemas y una novela que están en etapa de revisión”).
Leamos, pues, una muestra de su lenguaje conversacional,
analógico y de su cautivante humor:
“Loti apareció un viernes por la casa con
empanadas, chocolates y una garrafa de vino. Recordé que los tragos desinhibieron
a Mariana, que era más impenetrable que ella y se comportó como si se le hubieran soltado las neuronas. Tuve la
seguridad de alcanzar mi tercer debut, ya que el primero fue escabroso: una
encerrona con dos mujeres que me utilizaron para reafirmarse la una con la otra y que me usaron como trapito de anticuchera. La segunda, una mujer
indescifrable. Y, ahora, Loti.// Como una
de mis normas es no mezclar sexo con comida, Loti comió dos empanadas…./ Toda
la tarde escuché la cantaleta de que en su vida solo tuvo un hombre y que lo había querido al desgraciado, como letra
de bolero cantinero…” (Subrayado nuestro: W.O.)
Carlos José, luego de una primera parte –de suyo
interesante y conmovedora porque narra su estancia en el conocido Hospital San
Juan de Dios- ingresa a esa afirmación de la vida que se da en el amor,
especialmente en su ladera inexcusable: el sexo.
Aquí GNM despliega la panoplia de su buena prosa
poética (siempre adobada con el humor que lo caracteriza) y de la encendida
presencia del goce carnal. Veamos una descripción de Viviana, la tempestuosa
mujer que viene en busca de él, luego de un breve –y actualísimo- romance por la
internet.
“La contemplé ataviada, sentada, con las piernas
juntas, entreabriendo un hilillo, que me permitía atisbar las soberbias
rodillas, redondas, su piel de ciruela,
el delicado borde de unos pechos que solo se insinuaban.// La miré como lobo pero con expresión de caperucita. Ese truco siempre
me dio resultado, porque así las mujeres no se percataban de mi codicia. Me
dijo: /-Apaga la luz y ven.// La alfombra
de pellejo en que caímos se convirtió en una hoguera. Ella ordenaba, yo
obedecía.// -Esta noche, Carlos José, me
cumples.// Soltó el cuerpo como si
hubiera salido de una represión de siglos. Me sacudió la humanidad. Hoy
debía dejar el último suspiro. Poquito a
poco fui respondiendo, recorriéndole los caminos, los recovecos ignotos y, de
pronto ella, fierecilla, empezó a ser dominada, asaltada, nuez partida, tomate
reventado, sandía desmenuzada y lanzó
unos gritos que recorrieron el edificio como música de feria” (Subrayado
nuestro).
En fin, para decirlo con pocas palabras, un
libro, una novela –creo- la mejor de Gabriel, porque, en ésta, ha llegado a la
plenitud de su arte narrativo, gracias a una simbiosis entre humor,
coloquialismo, poesía y cabal penetración
en la vida de un personaje –Carlos José- que, en efecto, escapa, gracias a su
personalidad sui generis, de la
“jaula” a la que su limitación física lo habría confinado.
Pero culminemos este fragmento de la novela con
la inefable y volcánica presencia de la singular Viviana (texto que, sin
embargo, no deja nunca de estar acompañado por la poesía de la expresión de
GNM):
“-Déjame gritar, no me reprimas!// Otra vez empezó dale que dale, dale que
dale, hasta que alcanzamos un movimiento acompasado, como cuando las olas del
mar picado revientan en la orilla. Entre tanta exuberancia, mis piernas delgadas
reposaban cual palitos de anticucho”. (Subrayado nuestro).
Cabal manejo de una prosa idónea para lo que
quiere decirnos, Gabriel Niezen Matos pasea a su singular personaje –ciertamente
original en la narrativa peruana- desde su referida estancia hospitalaria, la
vida de estudiante, el viaje a Europa y, sobre todo, el contacto con una heteróclita antología de mujeres a cual
más fosforescente.
Este libro se lee no solo de un tirón, sino que
nos deja un sabor, una demanda para continuar con la incursión en mundos como
aquel que narra nuestro autor, y que -no obstante, en apariencia, ser comunes- por su élan poético y por el manejo de un estilo polisémico, nos hacen
plenamente partícipes de su realidad y
sus estancias muy especiales y permanentemente
atractivas.
Gabriel Niezen Matos tiene más de media docena
de exitosas novelas publicadas; es Doctor en Educación y Máster en Psicología
de la Familia y la Pareja; así como Licenciado en Educación y Periodismo. Dicta
cátedras en las Universidades San Martín de Porres y San Ignacio de Loyola. Fue
el Primer Director elegido en la Escuela Académico Profesional de Comunicación
Social de San Marcos y Coordinador de su Posgrado. Ha viajado por el mundo
entero en misiones culturales y ha sido Jurado Internacional en el Concurso
Nacional de Literatura “Ricardo Miró”, de Panamá. Ejerce el periodismo y dicta
conferencias y cursos de su especialidad en numerosas instituciones del Perú y
el extranjero.
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