Portada de antigua versión de Revista Libre Pensamiento

domingo, 30 de noviembre de 2014

Dónde están los Mexicas

Dónde están los Mexicas
Escrito por Guillermo Marín

Es curioso, pero dentro de los 62 pueblos originarios y 85 lenguas que el INEGI reconoce en este país, no aparecen los mexicas o mal llamados aztecas. Las cifras oficiales afirman que aproximadamente el 10% de los “mexicanos” son indígenas, porque reconocen hablar una lengua originaria. La pregunta es: ¿cuántos de los encuestados hablan un lengua y les da pena reconocerlo, y cuantos más, que no hablan una lengua originaria, viven culturalmente bajo los usos y costumbres ancestrales? Misterios de la identidad.

Es significativo que los pueblos originarios no se reconocen como “mexicanos”. Ellos son, según el caso son: nahuas, mayas, zapotecos, mixtecos, yaquis, pames, etc. Mexicano viene de “mexica”, de modo que los pueblos, que tienen identidad, lengua y cultura, no se reconocen como “mexicanos”. ¿Quiénes son entonces los mexicanos y dónde están los famosos mexicas? Serán “los mexicanos” aquellos que no tienen el menor sentido de identidad y, podría ser, que los mexicas verdaderos estén ocultos y agazapados en el “centro del corazón” del monstruo colonizador.

Quienes inventaron lo de “México y mexicanos”, fueron los criollos a principios del siglo XIX, cuando al traicionar a sus parientes los gachupines iniciaron un estallido social, usando como carne de cañón a los pueblos originarios-, al que después, en su “historia oficial”, le han llamado con eufemismo, “Guerra de Independencia”. Pero desde el Siglo XVIII se inició una ideología criolla en contra de los gachupines, quienes los habían excluido de los altos pues del gobierno, la iglesia y el ejército. El Sistema de Castas fue creado maliciosamente por la corona española para enfrentar permanentemente a sus súbitos en los Virreinatos y que no hicieran alianza en contra de ella. 

La ideología criolla se basa en que son, “ellos”, los verdaderos y originarios de estas tierras y no los gachupines. Los pueblos originarios, en este asunto “ideológico- político-económico”, ni siquiera contaban (ni siguen contado). Era una lucha entre gachupines en el poder y los criollos por acceder a él. El “padre” de la ideología criolla fue Francisco Javier Clavijero. Conceptos como “maíz criollo” o “nuez criolla”, es un buen ejemplo para entender que lo “propio-original” de estas tierras era, para los criollos, lo ¡criollo!, no lo indígena o anahuaca. Lo gachupín era “de castilla”, lo original de aquí, era “lo criollo”. Y hasta nuestros días se siguen usando inconscientemente estos conceptos equivocados, colonizadores y excluyentes. 

Mientras que para “los de castilla”, sus orígenes “ancestrales” los ubicaban en “lo greco-latino”; los criollos por su parte, se inventaron a una “gran cultura milenaria y ancestral, la más poderosa y dominadora de todo el Anáhuac”, ni más ni menos que… ¡los mexicas¡ A los que sus antepasados, los conquistadores y primeros colonizadores supuestamente vencieron en uno de los “grandes logros civilizatorios de Occidente”. Ni más ni menos. Ese es el origen ideológico de los “aztecas”.

Así, los “aztecas” empezaron a aparecer como la cultura más importante del “México prehispánico”, concepto grotesco de criollos de la historia del Anáhuac, porque al nombrar “pre-hispánico” se desvalora y pierde su ser, lo anahuaca, solo es y existe a partir de la llegada de los invasores. Los criollos empezaron a recrear un mítico México-Tenochtitlán, en textos e ilustraciones de esa época, se pintan a los “aztecas” como “los griegos-prehispánicos”, con cascos de metal, capas, lanzas y escudos muy parecidos a la de las ilustraciones de la Grecia Clásica. Los criollos necesitaban glorificar su “supuesto pasado antiguo”, frente a los gachupines. 

La “historia oficial criolla”, que inició con Porfirio Díaz y su libro de Estado, “México a través de los Siglos” (1884), describe entre mitos y fantasías un “México prehispánico” básicamente en los mexicas. Y de ahí hasta los actuales libros de texto. Los mayas, zapotecos, mixtecos, purépechas y demás pueblos han quedado como decoración escenográfica, solo para investigación de los expertos extranjeros. Se puede constatar lo anterior en el guión museográfico del Museo Nacional de Antropología e Historia, donde en la planta baja están “los indios muertos” que le han dado gloria al Estado criollo y dinero por el turismo. Ocupando el sitio más importante y central la sala mexica. Y en la segunda planta, “los indios renuentes al progreso”, que se oponen a los “proyectos de desarrollo económico” en su tierras. Por cierto, en la segunda planta “los indios modernos”, no tienen rostro apuntó el Dr. Guillermo Bonfil Batalla, en su día.

La historia descolonizada del Cem Anáhuac reconoce pueblos mucho más numerosos y bélicamente más poderosos  que los mexicas en el 1519. Podemos referirnos a los mayas o a los purépechas. Entonces, cuál es la razón que los mexicas aparezcan en “las fuentes” como el pueblo más importante. Sencillamente porque fueron a los que los invasores conquistaron primero y “estudiaron”, como escribió Sahagún, “para mejor destruirlos”. En efecto, la invasión del Cem Anáhuac comenzó en el Altiplano Central con los pueblos nahuas. Por qué ahí y no, -por ejemplo-, en la península de Yucatán, que era el lugar más cercano y accesible geográficamente de los españoles. Por los problemas internos que estaban sufriendo los mexicas y la oposición de sus pueblos tributarios, los hacía estar en un estado de debilidad.

Tlacaélel, el longevo Cihuacóatl mexica, fue el transgresor de la filosofía milenaria conocida como Toltecáyotl. En el mismo seno de la clase dirigente de la Triple Alianza existía una crisis por estas trasgresiones, además de las arbitrariedades que había cometido Moctezuma con Texcoco y los excesos con los pueblos tributarios. Cortés con la ayuda de la traidora “Malinche”, que lo puso al tanto de la crisis filosófica-religiosa que sufrían los mexicas y los problemas políticos con los pueblos tributarios, con esa información se dirigió al corazón de la Triple Alianza y provocó una guerra civil entre los propios pueblos nahuas del Altiplano. Y después, con los propios mexicas y sus aliados invadió el Cem Anáhuac. El gran esfuerzo bélico de los primeros decenios de la invasión recayeron básicamente en los mexicas, texcocanos y tlaxcaltecas, la “conquista española” es otro mito de la ideología criolla. Las ciudades que fundaron los españoles como Puebla, Oaxaca, Morelia, Zacatecas, San Luis Potosí, etc., fueron con miles de guerreros nahuas, sus familias y un puñado de españoles.

Entonces, ¿dónde están los mexicas en nuestros tiempos? Podríamos suponer que hay tres clases de “mexicas”: los históricos, los de la academia y los ideológicos. 

Los mexicas históricos indiscutiblemente que son los actuales habitantes del Centro de la Ciudad de México. En efecto, el “Barrio Bravo de Tepito”, es el reducto de los mexicas. Por lo menos hay más de dos supuestos orígenes del nombre de “Tepito”. Según Cecilio A. Romero viene de Teocultepiton y según el “Vocabulario de lengua castellana mexicana” viene de “Tepiyotl”. En los dos casos, se refiere a un barrio de la antigua ciudad de México-Tenochtitlán, que fue el que “sobrevivió” a la ocupación española, resistió y logró permanecer hasta nuestros días. Efectivamente, Tepito es un lugar emblemático de la ciudad y de “lo mexicano”. Si bien, han perdido la lengua náhuatl, tienen su propio lenguaje y mantienen el sonsonete y cadencia del náhuatl. Poseen su propia “divinidad”, en su día fue  Huitzilopochtli hoy es “La Santa Muerte”. Siguen siendo comerciantes eficaces y valientes guerreros. Hasta nuestros días, Tepito es “territorio liberado” del gobierno neocolonial criollo, importante centro comercial como en su día fue Tlatelolco y emblema de la resistencia cultural para todo el país.

Los “mexicas académicos”, son una ficción creado desde las llamadas “fuentes” escritas en el Siglo XVI, comenzando por “el primer historiador del México prehispánico”, ni más ni menos que el propio Hernán Cortés con sus “Cartas de Relación” (Alegato legaloide lleno de mentiras y tergiversaciones, que pretendió justificar ante la corona española la traición al gobernador de Cuba Diego Velázquez), que hoy son tomadas como fehacientes testimonios históricos. Pasando por supuesto con lo escrito por Francisco Javier Clavijero con su “Historia Antigua de México” escrita en 1780 (nótese como ya aparece el nombre de México en vez de Anáhuac). Hasta llegar a los “historiadores acasillados y “maiceados” por el sistema neocolonial criollo” de nuestros días, que sin ninguna vergüenza y sentido crítico, siguen repitiendo las mentiras hispanistas sobre una civilización que hasta la fecha no han podido o querido comprender y conocer. Investigadores “televisos” que comercializan la maraca “azteca” y queman copal escenográfico en las “ceremonias oficiales neocoloniales de los orígenes milenarios de la historia prehispánica” del país de los criollos y para los criollos. 

Y finalmente, “los mexicas ideológicos”, que en general son culturalmente mestizos, urbanos y de nuevo cuño. Personas que están buscando una alternativa diferente ante el brutal fracaso de “la modernidad” y los embates del capitalismo salvaje, que está destruyendo las culturas ancestrales y populares, la naturaleza y el medio ambiente, condenado a la gente a la pobreza y desolación, especialmente en campos de los valores comunitarios y espirituales. Personas, que en general, carecen de información verídica descolonizada y no perciben la manipulación y neutralización cultural que sufren al quedar solo en los últimos 81 años de la historia anahuaca antes de la invasión.

Diversas corrientes de búsqueda a través de la tradición de la danza, la herbolaria, el arte popular, la etnomúsica, el arte culinario y algunas corrientes de “conocimiento”. Existen tres antecedentes importantes. La centenaria tradición de los “concheros” que guardan la tradición en los atrios de los templos y hacen música con cuerdas y “conchas”. Grupos de campesinos y suburbanos que han sabido sobrevivir a través del sincretismo religioso, en un rincón marginal de la cultura criolla y que el Dr. Guillermo Bonfil Batalla llamó “El México Profundo”. Otra corriente, más reciente es la de los México-norteamericanos (Chicanos) que en la década de los años sesentas, frente a la lucha que mantenían los afroamericanos por sus derechos civiles, los hijos de emigrantes mexicanos nacidos en E.U., ubicaron sus raíces culturales en el “Mítico Aztlán” y por consiguiente en “Los Aztecas”. Y más reciente, en la década de los años setentas, surgió en “el centro de la ciudad de México”, los grupos de “la mexicanidad”, la danza azteca o danza guerrera. Todo esto sustentado en el mítico pasado glorioso de “los guerreros aztecas y su grandioso imperio de la México-Tenochtitlán”.

A todo esto se sumaron fenómenos del sistema de consumo en el “segmento new ech”, como fueron personajes como Carlos Castaneda, José Arguelles, María Sabina y Gordon Watson, entre los más significativos. Sin embargo, fue Carlos Castaneda el que “masificó” la existencia de “la toltequidad” a través de las “enseñanzas” de un hombre de conocimiento, es decir, “un tolteca yaqui”, quien era miembro de uno de los tantos linajes de conocimiento que según el autor, han existido y siguen existiendo, pero que la cultura dominante no conoce. 

La obra de Carlos Castaneda, traducida a muchos idiomas y con mayor tiraje que la obra de Gabriel García Márquez, introdujo en los valores de la desquiciada sociedad occidental, los términos de “tolteca, guerrero, nahual, hombre de conocimiento, plantas de poder” y sobre todo, le da una luz de “espiritualidad” a la gente urbana que ha vivido por generaciones en la negación de la naturaleza, la comunalidad y la espiritualidad. Le dio a las culturas indígenas desprestigiadas y excluidas un significado diferente y descubrió valores que siempre han tenido.

El punto es que una forma en la que el Estado y la ideología criolla ha neutralizado el esfuerza de búsqueda de la esencia de la identidad de la mayoría mestiza en este país ha sido, por una parte, mantener las grandes mentiras y omisiones de la Historia Oficial sobre la parte más esencial y trascendente de la Civilización del Anáhuac, como es el pensamiento filosófico que generó más de mil años de esplendor (200 a.C. a 850 d.C.) y que produjo el más alto nivel y calidad de vida para todo un pueblo en la historia de la humanidad. 

En efecto, la orfandad espiritual en lo que hoy vivimos los mexicanos, deviene del desconocimiento “consiente” de los valores éticos y morales, así como los principios comunitarios y espirituales que permitieron este maravilloso y al parecer increíble desarrollo humano. 

Un ejemplo impresionante de este problema es que: todas las civilizaciones antiguas construyeron pirámides sin ponerse de acuerdo. En el Anáhuac, estas impresionantes construcciones no fueron ciudades, fortalezas, palacios y menos “centros ceremoniales”, fueron en cambio, centros de estudios e investigación. En segundo lugar por el número de pirámides construidas está la Civilización de Egipto con 110 pirámides, solo en México, el INAH tiene abierto al público 187 “zonas arqueológicas” y cada zona cuenta con más de una pirámide. El problema es que cuando los “mexicanos” contemporáneos las visitan, no saben nada sobre el objetivo real y fundamental de la construcción de estas maravillas, como “extranjeros incultos” caminan como “zombis” desolados entre “las ruinas”, sin saber o entender absolutamente nada.  Ajenos a lo mejor de sí mismos, de su Patrimonio Cultural.             

Y por otra parte, el Estado neocolonial criollo ha mantenido en su “Historia Oficial”, no solo en los libros de texto. El aliento y la superlativa exaltación a la cultura mexica, lo que implica, una manera de colonizar intelectualmente. Una de las razones de este epistemicidio es despojar al pueblo del encuentro y concientización de los valores y principios de vida de la milenaria Civilización Madre. La ideología criolla en el poder sabe que mientras el pueblo mantenga en su psique a “Los poderosos Guerreros Aztecas como origen y que el mestizaje está representado con el hijo bastardo de Cortés y Malinche”, quedamos totalmente neutralizados. Y es, justamente, este estado catatónico en el plano de la Identidad Cultural y la memoria histórica, el que permite la explotación inmisericorde de un pueblo manso y amnésico. Permanentemente exaltando lo ajeno y desconociendo y despreciando lo propio.

No con todo esto se trata de desvalorar y despojar a los mexicas de sus logros culturales. Como todos los pueblos del Cem Anáhuac, llegaron migrando del Norte y se civilizaron a través de la Toltecáyotl, que es una creación colectiva y milenaria de todos los pueblos, desde lo que hoy es Nicaragua hasta Canadá. Aunque llegan al Altiplano Central en el periodo Postclásico decadente (1272), rápidamente se apropian de los remanentes de la Toltecáyotl que habría sobrevivido al Colapso del Periodo Clásico Superior (850 d.C.), la asimilan y la fundirán con su gran fortaleza y vigor cultural, los mexicas, como todos los pueblos del mundo poseedores de “la cultura del desierto”, cuentan con una asombrosa capacidad de adaptación y resistencia. En poco tiempo, dejan de ser tributarios y pasan a ocupar un lugar prominente en el Valle del Anáhuac.

Su problema es que su longevo Cihuacóatl llamado Tlacaélel (1398- 1480), que fue el “poder atrás del trono” de 1428 a 1478, de tres Huey Tlatuani de la Excan Tlahtoloyan (Triple Alianza), Izcóatl, Moctezuma Ilhuicamina y Axayáctl, ante la expansión imperialista y la amenaza de la destrucción del Quinto Sol, amenazado cada 52 años, según la antigua profecía anahuaca, cambió los preceptos filosóficos-espirituales de la Toltecáyotl, bajó de la dualidad Tláloc-Quetzalcóatl a este último,
y en su lugar, subió a su numen tribal venido del Norte, conocido como Huitzilopochtli. Tlacaélel quitó a uno de los cuatro Tezcatlipoca y en su lugar puso a Huitzilopochtli, así como, mandó destruir todos los codicies antiguos y creó una nueva historia, donde los mexicas ocuparán el  lugar más importante y central.

Fue entonces cuando el desarrollo espiritual declinó y se cambió por un desarrollo material. En pleno desarrollo de la ideología que el Maestro Alfredo López Austin llama “Estado Suyuano”. Con estas reformas, Tlacaélel garantizaba el “sostenimiento del Quinto Sol” y se autonombra “El Pueblo del Sol”. La cultura se materializó, la guerra dejó de ser “interior-personal-espiritual” y pasó a ser contra los pueblos vecinos, para someterlos e imponerles grandes tributos. Las escuelas ancestrales pasaron a ser academias militares, se empezó a usar el cacao como instrumento de cambio en vías de llegar a la creación de la moneda. El intercambio de artículos para mantener el culto se convirtió en un comercio pragmático, se empezó a atesorar, se creó la propiedad privada y nació el consumo de artículos suntuarios traídos de lejanos lugares y por consiguiente, se empezó a crear una distancia muy grande entre las clases dirigentes, religiosas y militares, favorecidas por el sistema, con los masehuales, el pueblo. 

La ideología criolla neocolonial pone al pueblo mexica como el “más poderoso y dominador de todo el Cem Anáhuac. Totalmente falso, los mexicas eran un pueblo experimentando una grave crisis ideológica y religiosa (por las trasgresiones a la Toltecáyotl) al interior de la propia clase dirigente. Pero también, con fuertes problemas con los pueblos tributarios por las excesivas cargas tributarias impuestas. Esta es la verdadera razón por la cual, Cortés asesorado por la traidora de Malinche, se dirige a Tenochtitlán buscando la alianza de los enemigos de los mexicas, y en calidad de “Capitán de Quetzalcóatl”, no como enemigo-conquistador, provocando a propósito una guerra civil entre los pueblos del Altiplano Central. 

 Lejos de terminar la “Guerra de Conquista” el trece de agosto de 1521, esta fecha marca el inicio de la conquista del Anáhuac, que sigue vigente hasta nuestros días, especialmente con la resistencia de los pueblos mayas, yaquis, zapotecos, entre muchos otros. Un punto interesante de mencionar es que la “conquista del Anáhuac”, especialmente hasta la mitad del Siglo XVI, estuvo a cargo de los pueblos nahuas del Altiplano Central. En efecto, bajo “los usos y costumbres Zuyanos”, el pueblo vencido se sumaba a los vencedores. De esta manera los mexicas, texcocanos, xochimilcas, etc., se sumaron a los tlaxcaltecas y españoles en la conquista. Los pueblos nahuas fueron los que llevaron la parte más pesada de la conquista.  

Finalmente diremos que si bien, en el periodo Postclásico decadente, la cultura anahuaca decayó solo en el aspecto filosófico-religioso, pero el desarrollo humano, científico y artístico, mantuvo sus altos estándares que había alcanzado en el periodo Clásico. Dos cosas lo demuestran: la primera, es que la ciudad de México-Tenochtitlán era la ciudad más grande del mundo en 1519. Contaba con todos los elementos urbanos, arquitectónicos y de servicios de una ciudad de nuestros días y que, para esos tiempos, ninguna ciudad europea los poseía. Así como la calidad alimenticia, higiénica y de salud, educativa y de organización social de la gente que la habitaba.

 En segundo lugar podemos decir que la cultura mexica alcanzó en muy breve tiempo un adelanto asombroso. De ser nómadas, cazadores, recolectores, pasaron a poseer una cultura muy rica en diversas expresiones del conocimiento. Para ejemplificar lo anterior, bástenos observar las piezas talladas en piedra de la primera fase constructiva de Tenochtitlán que se encuentran en el Museo del Centro Histórico de la Ciudad de México y las que se conservan en el Museo Nacional de Antropología e Historia de la última fase. La calidad técnica y estética de la Coatlicue o la Piedra del Sol, pueden competir con cualquier otra cultura del mundo.

De modo que la cultura mexica, es y debe ser tomada, como una parte de la milenaria civilización del Anáhuac. Desde la fundación de México- Tenochtitlán a su destrucción (1325 a 1521), trascurrieron 196 años y de estos, solo 81 años tuvieron un relativo poder. Sin embargo, la Civilización del Cem Anáhuac cuenta con ocho milenios de tiempo, desde la invención de la agricultura hasta nuestros días y de ellos, mil años fueron de luminoso esplendor civilizatoria gracias a la Toltecáyotl. 

No podemos y no debemos, buscar y afincar el orgullo de nuestra Civilización Madre en la cultura mexica. Si lo hacemos, solo estamos siendo víctimas de la neocolonización del Estado criollo. Se requiere buscar en el lejano pasado de nosotros mismos. Necesitamos descolonizar la mente y con ello la historia. Se requiere un pensamiento crítico y analítico que ponga fin a tanta mentira y perversa tergiversación. Requerimos re-pensar nuestra historia y hacerla nuestra, no del conquistador. No podemos salir de las mazmorras del calabozo de la colonización con las ideas y preceptos de nuestros carceleros. Descolonizar es dignificar. Es encontrar el verdadero rostro y el corazón florecido de nuestros Viejos Abuelos.  

Lo difícil no es hacerlo, sino imaginarlo. 

Guillermo Marín

Oaxaca, octubre 2014.          



 
  
Bibliografía. 

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Marín, Guillermo.  Historia Verdadera del México Profundo.  http://toltecayotl.org/tolteca/index.php/2014-03-30-23-46-16/libros/402-historia-verdadera-del- mexico-profundo

Mitos y Fantasías sobre los aztecas, los españoles y la conquista de México.  http://toltecayotl.org/tolteca/index.php/2014-03-30-23-46-16/libros/694-mitos-y-fantasias-de-los- aztecas-los-espanoles-y-la-conquista-de-mexico 

Los Guerreros de la Muerte Florecida http://toltecayotl.org/tolteca/index.php/2014-03-30-23-46-16/libros/399-los-guerreros-de-la- muerte-florecida
  
Romerovargas Iturbide. Ignacio, Los Gobiernos Socialistas del Anáhuac. Edición de autor. Méx. 1978. Soustelle, Jaques.

La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista. FCE. Méx. 1983.


El universo de los aztecas. FCE. Méx. 1982. Séjourné, Laurette. Pensamiento y religión en el México antiguo. FCE. Méx. 1957.

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