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lunes, 22 de septiembre de 2014

Otra restauración conservadora

Otra restauración conservadora
Juan J. Paz y Miño Cepeda

EL TELÉGRAFO - Primer Diario Público

Ecuador, lunes 22 de septiembre de 2014

Escribo desde Viena (Austria), donde se realiza el XI Encuentro Internacional de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (Adhilac), con el respaldo de la Universidad de Viena. Se preguntarán, ¿por qué allá un evento de latinoamericanistas? En Viena se reunió el famoso Congreso de 1814 (hoy es su bicentenario), que reunió a las monarquías europeas en lucha definitiva contra Napoleón, quienes, entre otros asuntos, plantearon la conservación y/o recuperación de sus colonias y la restauración monárquica. Ese Congreso es considerado el punto de origen de la comunidad de naciones europeas.

En mi ponencia sostuve que en su ¨Filosofía de la Historia Universal¨, G.W.F. Hegel hace “desaparecer” a América y particularmente a América Latina, pues para él acá existía pura “geografía” y, además, sin Estado, pues este es para él la realización de la “libertad” del “espíritu”, algo que no existe ni en Norteamérica, donde el Estado solo garantiza la propiedad. Además, para Hegel, América no es más que un “eco” de mundo ajeno (Europa).

Hegel (1770-1831), un contemporáneo de Simón Bolívar (1783-1830), nunca entendió a nuestra América Latina. Y, contrariando lo que pensaba, los procesos independentistas de la región fueron una clara muestra de que nuestro “espíritu” tomaba cuerpo histórico para alcanzar su “libertad”.

Concluí que hay mucho de pensamiento hegeliano en esa Europa actual que tampoco entiende los procesos de cambios latinoamericanos, a los que suele juzgar como simples “populismos caudillistas”. También hoy tomamos conciencia del “espíritu” que nos guía para una “segunda independencia”.

Contemplado a la distancia, el Congreso de Viena de 1814 representó un peligro para América Latina, que se hallaba en pleno proceso de luchas independentistas, pues las monarquías amenazaban con una “restauración conservadora”.

Hoy, como ayer, ese peligro existe de la mano de diplomacias imperialistas y fuerzas internas que se sienten heridas con los gobiernos de las nuevas izquierdas latinoamericanas.

La amenaza es real. Los colegas brasileños llegados a Viena lo advierten: en las futuras elecciones de su país está en riesgo todo lo logrado por el Partido de los Trabajadores (PT), desde el gobierno de Inácio Lula da Silva (2003-2010) hasta Dilma Rousseff (2011-2014). La labor ideológica permanente en Brasil, aseguran, ha logrado sembrar la idea de “odio” anti-Rousseff, que ha podido minar el “espíritu” de amplios sectores de la sociedad, incluido el de quienes se han beneficiado con los cambios izquierdistas del PT. Los medios de comunicación y los banqueros han librado una “lucha” conjunta, y ya no tienen empacho en considerarse abiertamente como “cuarto poder” que busca retornar para revertirlo todo.


Esa “restauración conservadora” que podría ocurrir en las elecciones del 5 de octubre en Brasil con una “aventurera” como candidata (aluden a Marina Silva) debiera hacer meditar en Ecuador sobre lo que podría ocurrir con una “restauración conservadora” igual, cada vez más clara.

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