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miércoles, 3 de septiembre de 2014

¡Cuánta falta hace Libia!

¡Cuánta falta hace  Libia!
Manuel S. Espinoza Jarquín*

Abordaba con un grupo de colegas, especialistas en Relaciones Internacionales, el tema del holocausto del pueblo palestino por parte de Israel y la posición cómplice de EE.UU y Occidente en general; y en el marco del análisis regresamos a las ya mal afamadas “revoluciones de primavera”. Sobre todo, nos  esforzamos mucho por entender el tema de la Libia de hoy. En relación con Túnez, primer país donde este ciclo de revueltas  se inició, no teníamos mayores relaciones bilaterales. En cambio, con Egipto y Libia, que fueron el segundo y tercer país afectados respectivamente, con esas revueltas, sí las teníamos.

Túnez fue todo un golpe de Estado que su ministro de defensa le montó al presidente. Le infló la situación de manifestantes muertos por la supuesta represión empleada para poder contener la revuelta y lo convenció de que huyera del país. Hoy día, varios dirigentes políticos han sido asesinados y la lucha entre los partidos está a la orden del día,  sin forma que haya visos de salir del conflicto interno. Con Túnez teníamos relaciones desde el plano de la diplomacia multilateral y en función del grupo de los no-alineados.

En Egipto el presidente Mubarak fue derrocado del poder tras intentar poner a su hijo al frente del país, cosa que el ejército no permitió, dándole  un golpe de Estado, disfrazado de revuelta popular, cuando en verdad se llevó a los Hermanos Musulmanes al gobierno. Y aún cuando éstos eligieron posteriormente a un nuevo presidente bajo el modelo de elecciones occidentales, el ejército lo encarceló y una nueva ola de desestabilización se apoderó de Egipto. Hasta hoy día, este país norafricano está bajo el marco de la desestabilización interna. La lucha entre islamistas, el ejército y otras corrientes culturales y políticas están en choque por el poder.

Lo interesante de todo lo sucedido en Egipto es que, desde el encarcelamiento del primer presidente electo bajo el “modelo democrático Occidental”, la hermandad musulmana que lo llevó al poder y mantiene un peso político fuerte en el mundo árabe y en Turquía y hasta gobierna (buscando siempre cómo insertarse a Occidente), no fue reconocido a lo interno. ¿Por qué incentivar el proceso desestabilizador en ese país aun después de extirpado el cáncer dictatorial de Mubarak?

Hoy día, Egipto no irradia al resto de la región el Panarabismo de Nassar como hace décadas atrás. Ni mucho menos representa un peligro para Israel. Además de estar bajo las posibilidades de un enorme nivel de proyectos de inversión y comercio con Israel, es parte de un mecanismo muy raro y casi difuso en el conflicto actual entre palestinos e Israelíes en estos días.

A mediados del ataque indiscriminado de Israel a Gaza, para negociar un cese al fuego entre Hamas e Israel, este último traslada sus propuestas a EE.UU. Los estadounidenses a Egipto y Egipto al gobierno Palestino. Este lo transmite al enlace de Qatar y, este último, se comunica finalmente con Hamás. Si bien es cierto que, ahora en la parte  final del conflicto (por marcar un periodo de esta nueva agresión contra los palestinos), Egipto ha ocupado un mejor lugar, genera sus dudas en torno a cómo ha recuperado este papel.

Lo anterior dice mucho. Más bien, Egipto, ahora, en mucho depende de Oligarquías como la de Arabia Saudita, que corrió a hacerle un desembolso billonario para que no se fuera a la ruina y se convirtiera en Estado fallido. De hecho Arabia Saudita también apoya a los grupos fundamentalistas islámicos, con base en acuerdos oscuros. Al-Queada ha sido un guion muy bien ejecutado y repetido en varios escenarios hasta hoy día.

Nicaragua mantiene su representación diplomática, y ha ampliado su presencia en Irán y  Qatar tras la visita de alto nivel que representantes de estos países realizaron al nuestro país. A eso se le denomina agilidad diplomática en función de la búsqueda de mejores posibilidades de inversión para el país.
 
Con Libia, nuestras relaciones históricas eran aún más fuertes, pues cuando dos mandatarios son amigos, las dificultades burocráticas y protocolarias no tienen mayor peso. Libia nos acompañó decididamente en los tiempos difíciles de los 80s, cuando estábamos siendo 0gredidos por EE.UU. Prácticamente, los libios nunca dejaron de ser amigos.

Lamentablemente, Libia cayó en esa trampa mortal de Occidente: las malintencionadas y mal llamadas primavera árabes la llevaron a que su situación interna se vuelto caótica. Once meses de guerra y destrucción dejó al país en ruinas y dividido tribalmente. La Libia próspera, competitiva (según la jerga occidental en boga), sin igual en su estado de bienestar para sus ciudadanos y en función de ayudar a toda África y Medio Oriente, fue destruida.

Hoy Libia enfrenta un camino muy difícil hacia la transición democrática. Las tribus que residen en la parte petrolífera, no desean que sea Trípoli, el que la administre. Hay más milicianos rebeldes aún armados por todo el país, a los que el nuevo ejército y los órganos de seguridad del Estado no pueden controlar. Evitan el enfrentamiento, para buscar una salida a la situación de pos guerra. El gobierno de esta sufridísima nación africana se fundamenta en el parlamento y tratan de llevar a cabo una elección que escoja a un presidente, según el modelo occidental.

Nicaragua a pesar de tener excelentes relaciones con Libia, no tenía embajada en Trípoli, pero los libios si y aun la mantienen.

Tras Túnez, Egipto y Libia, la destrucción fue traslada a Siria. La situación en este país es, en parte de su territorio, caótica. Más de 200 mil muertos y más de 3 millones de refugiados. Todo el planeta sabe que de no ser por el firme apoyo de Rusia, en primer lugar, e Irán, la receta en de desestabilización de los EE.UU hubiera sido todo un éxito y que sin ello, hoy Siria estaría convertido en otro estado fallido. 
Para frenar a Rusia, el escenario de destrucción y amenaza de guerra fue trasladado a la frontera cercana con este gigantesco país, propiamente a Ucrania. Con Irán existe un tema pendiente muy serio sobre su programa nuclear. Tema que se uso contra Sadam Hussein y Libia en su momento.

Con países de menor peso en la región, como los destruidos hasta hoy, se analiza mucho mejor lo que implican las manos sueltas de Israel en contra del pueblo de Palestina. Inmediatamente se viene a la mente la falta que hacen líderes y países en la región que los puedan detener política y militarmente, e insistir en que las Naciones Unidas se transformen en algo mejor, que evite y prevenga barbaries como la que hoy estamos viviendo en el sector de Gaza.

Ahora toma mucho más forma la insistencia injustificada de la administración Bush de atacar sin prueba alguna a Iraq a raíz del 11 de septiembre del 2001.  Hoy Iraq sigue siendo un infierno, sobre todo con el ya famoso Estado Islámico y Levante que, con su repentina capacidad militar, la matanza y exterminio de cristianos y la decapitación de un periodista estadounidense, casi ha opacado la barbarie sionista realizada en estos dos últimos meses; y hasta ha servido para limpiarle la imagen a EE.UU y para que Barack Obama retome el tema Iraquí y Sirio con derecho de bombardear el territorio de estos dos estados.

Ahora resultan más comprensibles los planes de occidente de desestabilizar a Iraq, Túnez, Libia, Egipto y Siria entre otros. Lástima que la historia no tiene marcha atrás y el sistema internacional está a favor del uso de la fuerza de los más fuertes. Lástima que las capacidades del análisis estratégico de los Estados ya destruidos no dieron a luz la unidad regional que los planes occidentales ameritaban.

*Manuel s. Espinoza Jarquín

Presidente del Centro regional de estudios Internacionales.
CREI






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