Entrevista a Roberto Patiño, Canciller de Ecuador
"Es la sociedad la que debe regular el mercado, no al
revés"
Nacido en Guayaquil, en 1954, el
economista Ricardo Patiño es uno de los hombres fuertes del Gobierno ecuatoriano
que preside Rafael Correa. En 2007, tras ganar las elecciones, le acompañó como
ministro de Economía, convirtiéndose en uno de los impulsores de la
renegociación de la deuda. Ahora, se encarga de las relaciones exteriores del
país latinoamericano.
Tras participar en la Cumbre Iberoamericana celebrada el fin de semana en
Cádiz, Ricardo Patiño acompañó ayer a Rafael Correa en un acto con emigrantes
ecuatorianos celebrado en Madrid. El canciller se muestra cauto y respetuoso con
la cortesía diplomática a la hora de «dar consejos». Sin embargo, no oculta su
satisfacción por los resultados de una política económica que ha logrado grandes
avances partiendo de una auditoría sobre su deuda externa.
En un contexto de crisis internacional, la economía ecuatoriana crece al
8% mientras pone en práctica políticas basadas en la redistribución de las
riquezas. ¿Se han convertido en la alternativa a un modelo caduco?
Las políticas neoliberales fueron un rotundo fracaso en América Latina. Ese
rotundo fracaso nos despertó. Este es el siglo del despertar de América Latina
después de habernos hecho tanto daño. No solo eran las políticas, sino también
sus representantes, que eran fundamentalmente el Banco Mundial y el Fondo
Monetario Internacional. Hemos encontrado otra salida en el camino inverso,
basado en la definición de políticas públicas, la recuperación del rol del
Estado, la acción colectiva y la comprensión de que el mercado no puede ser amo
de la sociedad.
Las recetas de austeridad y dominio de los mercados están siendo aplicadas
a rajatabla en Europa. Sin embargo, ustedes rompieron con el FMI y el Banco
Mundial.
El mercado es una realidad, nadie lo niega, pero no puede ser el que manda
sobre la sociedad. Es la sociedad la que debe regularlo. Esta es la comprensión
distinta del funcionamiento de la sociedad y del rol del Estado que estamos
aplicando en América Latina con tanto éxito. Una de las más importantes
decisiones que tomamos para lograr el crecimiento económico y la justicia social
en la que estamos avanzando, fue desprendernos de la acción y la influencia
absolutamente desastrosa del FMI y el Banco Mundial. Yo era ministro de Economía
y, antes de comenzar incluso a gobernar, vinieron a buscarme. Después de los
chantajes terribles que ya me esperaba les dije «váyanse por esa puerta, que no
queremos hablar con ustedes». Les debíamos 15 millones de dólares y se los
prepagamos para no tener que verlos siquiera. Y el FMI nunca más volvió a
nuestro país. No se imaginan qué libres somos ahora. Posteriormente, el
presidente expulsó al representante del Banco Mundial. No sé pueden imaginar
cuánto bien nos ha producido el hecho de que ellos ya no estén perjudicándonos e
interfiriendo en la definición de nuestras políticas económicas. Hemos
recuperado el control de los recursos naturales, renegociado una parte muy
importante de la deuda externa, estamos optimizando los recursos de los que sí
que disponíamos, pese a que nos queríamos convencer de que no los teníamos y que
se necesitaba deuda e inversión extranjera de cualquier tipo. Cobramos nuestros
impuestos, porque ya no es la oligarquía la que manda, sino representantes del
pueblo. No tenemos ningún banquero manejando la ruta monetaria o el banco
central. Esa libertad con la que funcionamos nos ha permitido inversión pública.
Y la hemos dedicado a la infraestructura, a la obra social, a las políticas de
inclusión. También eso ha permitido que tengamos una economía en crecimiento.
Todavía es frágil, todavía no está suficientemente consolidada, pero está en
rumbo del crecimiento, tanto en el punto de vista cuantitativo como al reducir
los pésimos indicadores sociales que teníamos.
Ha mencionado la cuestión de la deuda. Actualmente, se trata de un
elemento que está ahogando la economía del Estado español. ¿Ha podido aprovechar
la cumbre para dar algún consejo a Madrid?
No podemos dar consejos, pero sí que hemos comentado lo que hacemos, porque
puede ser que esa experiencia le sirva a cualquier otro gobierno. Nosotros
realizamos una auditoría de la deuda externa. Porque el endeudamiento, al menos
en el caso de América Latina, era absolutamente ilegítimo. Y tampoco era
visible, porque los contratos eran secretos. Existe un terror hacia el sistema
financiero internacional, y tenemos que liberarnos. Nosotros, país pequeño pero
digno, hicimos la auditoría. Teníamos sospechas, y se confirmaron. Comprobamos
qué barbaridades se habían hecho, tanto para la contratación como para la
renegociación de la deuda, en beneficio del capital financiero. El país quedó
espantado. Esto ocurriría con todos los países del mundo.
¿Cuál fue la respuesta de los bancos? En Europa se ha extendido la idea de
que no existe salida al margen de las obligaciones de la deuda y de las
políticas de austeridad.
Tomar esta medida exigía también valentía. Porque si descubres algo, tienes
que actuar, tal y como hizo Correa, que anunció que no seguiría pagando. Después
de analizar las circunstancias dijo «estoy dispuesto a recomprar esos papeles
ilegítimos hasta en un 35%. Los que me vendan estos papeles por debajo del 35%
los compro». No podemos dejar de reconocer que también el país tenía cierta
responsabilidad. En muy poco tiempo, todos esos banqueros llegaron con sus
papelitos. Ahora estamos liberados, nuestra deuda es insignificante, el 14% del
PIB, algo manejable. Por poner cifras redondas, antes utilizábamos 3.000
millones de dólares en servicio de la deuda y 1.000 millones en salud,
educación, inclusión o vivienda. A los pocos años, 3.000 a lo social y 1.000 a
la deuda.
Muchos de sus compatriotas que llegaron al Estado español a buscar trabajo
se ven ahora atrapados por los desahucios y las hipotecas. ¿Cómo valora la
reforma del Gobierno español?
Tenemos que respetar la libre determinación del Gobierno español y
reconocemos que es un paso positivo, aunque no sea suficiente. Las decisiones
que hemos tomado en nuestro país ponen por encima al ser humano con respecto al
capital. En Ecuador la ley también decía que si la garantía (la vivienda) no
cubriera el valor del préstamo, el ecuatoriano debía de seguir pagando.
Cambiamos la ley. La gente debe de poder seguir viviendo en sus casas. No fue
culpable de perder el empleo ni de la crisis financiera ni de la burbuja
inmobiliaria. No deberían de pagar las consecuencias. Si en algún momento el
capital tiene que pagar algún efecto de la crisis, que lo haga.
En febrero celebran elecciones presidenciales. ¿Qué efectos tendrán en el
futuro político del país y en el proceso de integración de América
Latina?
La integración latinoamericana va por buen camino. No digo que sea fácil. Hay
todavía mucho colonialismo ideológico, mucho vasallaje intelectual. Aunque
también se ve con mucho potencial. Hemos entendido que debe ir por encima de las
diferencias políticas, que las hay. No obstante, el hecho de que haya muchos
gobiernos progresistas favorece, ya que estos tienen mayor voluntad de
integración. Sobre nuestras elecciones, el pueblo ecuatoriano tiene en su mano
decidir si seguimos con el proceso de transformación revolucionaria o si vamos
por otro camino. Si el pueblo decide volver a votar por el presidente Correa,
seguramente vamos a radicalizar el proceso, porque todavía no hemos dado todos
los pasos para conseguir una sociedad de justicia y de progreso, además de
seguir fortaleciendo el proceso de integración.
«Assange lleva cinco meses
en condiciones infrahumanas»
La decisión del Gobierno de Ecuador de otorgar el asilo al fundador de
Wikileaks, Julian Assange, ha motivado los desencuentros con Gran Bretaña, que
se niega a dar el salvoconducto para que este abandone la embajada de Londres.
¿Siguen negociando? ¿En qué punto se encuentra el conflicto?
Seguimos dialogando. En septiembre tuvimos una reunión con el canciller
británico en Nueva York en la que nos entregaron su respuesta a nuestra
solicitud de salvoconducto. Esta respuesta, por supuesto, no nos satisfizo, por
lo que nosotros hemos contestado jurídicamente, justificando plenamente los
fundamentos de nuestra decisión y planteando que no solo hay razones basadas en
el derecho y las convenciones internacionales para el asilo, sino también
humanitarias. Cuando se elaboró la declaración de los derechos humanos, el
Gobierno británico es el que insistió en la fórmula «todo ser humano tiene
derecho a solicitar y disfrutar del asilo». Y vencieron. Ahora, que lo
cumplan.
¿Cómo se encuentra actualmente Assange? Ya han pasado cinco meses desde
que fue acogido en la embajada.
El señor Assange está sufriendo el asilo y lamentamos que así sea. Ya lleva
cinco meses viviendo en condiciones absolutamente infrahumanas. Eso es una
tortura. Y no está demostrado que cometiera ningún delito. Porque otra cosa
sería que hubiese delinquido, pero lo único que hay contra él es el inicio de un
juicio, que todavía no comienza. Su derecho a una vida digna, al asilo, a vivir
con su familia, está siendo conjurado por la decisión lamentable del gobierno
británico de no conceder el salvoconducto. Esta situación es muy grave, y cuanto
más tiempo pase, más grave puede ser. Los derechos humanos están siendo
conculcados y no es justo ni legal. A través del embajador británico, que
recientemete retiró sus credenciales, he vuelto a pedir una reunión con William
Hague para volver a hablar del tema. La situación se puede agravar en cualquier
momento. ¿Qué vamos a hacer entonces? Por eso, quiero insistir, cordial pero
firmemente, al Gobierno británico, sobre que es necesario que reconsideren su
posición.
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