Portada de antigua versión de Revista Libre Pensamiento

jueves, 3 de febrero de 2011

Poemas: Mario Martz D'León


Poemas: Mario Martz D'León

CONFESIÓN DE UNA MUJER CUALQUIERA


A Regina




Mamá está orgullosa de mí


porque a mis veinte años


no he probado


ni una sola gota de alcohol


por eso cedió


darme permiso


de venir a este mundo.


Lo que ella no sabe


(qué tristeza mamá)


es que el orgullo que siente


por la ingenuidad


que Dios le imprimió en su frente


se proyecta en la falta de confianza


de ese doble mío


que anuncia la llegada


de la siguiente ronda de cervezas.



UN HOMBRE CANTA Y  RECUERDA




 

He aquí un hombre que canta


y recuerda.


Aris Disteos




A Salvador Cardenal


Por aquí vimos pasar

a los niños

que ahora son viejos.


Ya sé que el tiempo

es un joven avaro


que acusa a los buenos hombres:




Antes que naciéramos

eran infantes felices


jugando a la guerra


con soldados de barro.



Hice dormir al día

en el bolsillo de mi pantalón

y desde entonces


la noche construyó


casa en mi cuerpo.


Dejé desvanecer a las mujeres


que venían a mi encuentro


cuando torpe y sordo de corazón


preguntaban por el amor


que un día perdieron

por temor a lo ignorado.


Hace tiempo que olvidé el horror


y la lástima


porque el antiguo silencio


dibujado en las hojas de los árboles


era la vida del hombre               


que en esta ciega tarde


canta y murmura su orfandad.


LA ORFANDAD DEL MAR




El mar se ha quedado


huérfano, los marineros


y los barcos


declinan en una hoja


manchada en sangre

porque cada vez que viajan

al reino de los tristes


comprenden

que la  vida es un viaje en paracaídas


y no lo que tú quieres creer


y yo he creído que tu sonrisa


es una lágrima sembrada en mis ojos


cuando mi tristeza muere


en tu cama de algas.




TAMBIÉN UN VIENTRE LLORA DE ALEGRÍA



(patrimonio de la tristeza)



A este cementerio 

de pájaros 

a este niño muerto

encontrado


en el basurero municipal


lo han declarado

patrimonio de la tristeza


—nada extraño para mujeres como tú: 


Te ves al espejo 

y eres una  anoréxica 


ante esa muerte que te ampara 


insistes en burlarte 


de ella, 


mientras ella 


insiste nacer de tu vientre: 


 «!silencio! la tierra va a dar a luz un árbol» 

el sarcástico silencio (ríe de tristeza) 

duerme junto a ti 


muere de alegría 


y en ti sepulta el nombre 


de quien escribió este poema.






A UNA MESERA


(Marilyn Monroe)




Terminó de recoger sillas y mesas

con una sonrisa subjetiva de perfil


y en nombre de mi cuenta


la invité  acompañar a mi soledad.




TU NOMBRE ESCRITO EN LA ARENA





Entre la nada y el sueño

cruzan mis horas insomnes

las sílabas de tu nombre…


Octavio Paz





I



Queda la línea del abrazo perdido


escrita en la arena.


El poema hecho carne


lo he arrojado  al mar


para que tu fe sea ciega


cuando de amarme se trate.


Estamos solos,


solos de nosotros dos:


sola tú de tu otra yo


y solo yo en la cuesta de esa línea

de abrazo con dudas. 




He doblado el lápiz


para escribir bajo la tenue luz


las innombrables noches en vela


que en el sueño


de mis ciegos días olvidé,


cuando tu nombre hecho piedra


bordeó las costas de mis párpados.


II


De las siete líneas grabadas en la piedra


una muérdese los labios


cuando noche adentro


todo es desierto en el mar


y tú, ajena al olvido


observas cómo tus mareas


medidoras del tiempo
irrumpen en las camas galantes de las algas;

fuera de todo aquello

que debe escribirse con los dientes,


es tu nombre que debe olvidarse del mar.



HABITACIÓN DE HOTEL EN SILENCIO


A Claribel Alegría



Construida a molde


de nocturna


me he encontrado


en esta habitación.


El silencio impropio


muda a travesti viento suicida


y el salón de cristales paganos


yace en el reglón


de soles nocturnos


que puestos uno sobre otros


han muerto en ausencia de los días.


De vez en cuando viene un señor


a tocar mi puerta para recordarme


que no soy yo


quien habita este cuarto:


—Es un pequeño infierno
el que me habita


¿o acaso la sombra del hombre


que habita este cuerpo?


Pasarán los días y las noches


y con ellos me iré


antes de que mujeres vírgenes


concilien el sueño


con sexo envejecido.



EPITAFIO DE UN JOVEN CARTERO



Es locura vivir sin la sonrisa. 


Czeslaw  Milosz



Aquí yacen los restos del joven 


que nunca vio la sonrisa 


petrificada en el polvo 


 —fue un cartero de vida—, 


entregó tantas cartas 


que nunca nadie respondió 


a sus remitentes; 


ahora que usted lee la última 

y sabe que su soledad


fue honda y ancha:  
Corresponda

y confirme a la muerte 


la compra de su boleto


en esta vida, 


antes que le sorprenda el día 


sin haber hecho nada.


PRIMERA Y ÚLTIMA EVOCACIÓN CONTRA EL MIEDO



A Julie Vallejo



Yo también


recuerdo a mi madre.




Me da miedo evocarla


a como quiso ser un día.


Pensó en los desaires


que provocaba


la maternidad prematura,


pero no fue obstáculo


para que enrollase la cuerda


de la caja de música


en la silla mecedora.






Llegó a un asilo de ancianos


muerta de miedo:


La guerra la sorprendió


en el parto.


Un día las calles quedaron


desiertas


de mujeres tristes


que sonreían


por haber visto morir el miedo


en sus pechos.


Y todavía hay misterios de goteras


que caen en la garganta


del niño muerto:


—el invierno que lejos llegó


de las colinas de sal.






Mi ciudad se encendió


luego que las rocas


fueron manchadas de sangre,


los hombres y mujeres


olvidaron que la paz


era la gloria perdida de los años


y que entonces,


la revolución de los miedos


era el triunfo sepultado


en el vientre


de las madres solteras.


 
LOS FALSOS SECRETOS DE LA MUERTE



(pequeñas simulaciones)

A Joel Flores



La muerte: una niña

perdida en Madrid,


—es ingenua, tierna


y melancólica.




No sabe perdonar


pero dice estar enamorada


del chico que simula


morir en las cursivas líneas


de este poema.



No comprendo el porqué


del empeño


de los hombres malos, piensa


y casi sin fuerza


se envuelve en las sábanas


de una camilla


cuando escucha en la radio


la noticia de una mujer asesinada


en Ciudad Juárez.



En este suburbio rural


no se escuchan noticias como éstas, advierte.



Hay noches en que sonríe a la tristeza


—le avergüenza admitirlo—


pero no es ella quien sufre,


sino la niña de la televisión


que fue violada por su padre.


Esta vez


no seré humana con ellos, vacila.

Se toma un vaso con agua


y con las manos a ciegas


en los bolsillos de su overol


emprende su nuevo camino.



Mañana será otra niña muerta


y la mano que la invocó


será el homicida prófugo


de la página en blanco.

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