¿Quién es Mundo Jarquín?
Por Yadira de Nicaragua
Washington. Por Yadira de Nicaragua. | 26 enero de 2011
Este es el Mundo Jarquín que ahora se jacta de ser un hombre recto, lo mejor que le puede pasar a Nicaragua y que ha hecho un pacto con la extrema derecha de los partidos políticos de Nicaragua: Don Pancho Madrigal.
En el año 2001, Mundo Jarquín fue identificado como uno de los abusadores de empleadas domésticas en el informe de Human Rights Watch . En ese tiempo, Mundo Jarquiín trabajaba para el Banco Mundial. Irónicamente, el abogado que salió en su defensa fue Paul Reichler, el mismo abogado que ahora también nos representa en la Corte Mundial con el problema que tiene Costa Rica con Río San Juan de Nicaragua.
El comportamiento de Mundo para con su empleada doméstica de esa época, nos enseña que para este sujeto, existen dos grupos de personas: los adinerados como él (por su parentesco con la Familia Chamorro) y nosotros los pobres, y ese sería la vida de miseria que el daría a los pobres, si por un milagro mayor, y en algún momento de la vida que le queda, llegara a obtener un puesto público en la política de Nicaragua. Dios nos guarde de Mundo Jarquín.
Claro, su cuñadito Carlos Fernando se mantiene "mute" - mudo ante estas quejas de la Human Rights Watch hacia uno de los suyos. Esto no es motivo de noticia para su programa (Más de lo mismo) Esta Semana. Cuando le conviene, el periodista sufre de miopía, y cuando se trata de criticar al gobierno de Daniel tiene una visión 20/20. Vaya objetividad la de Carlos Fernando.
Aquí los dejo con el artículo de Mundo Jarquin.
Explotación del personal doméstico extranjero
Por Steven Greenhouse
The New York Times
Por Steven Greenhouse
The New York Times
Martes 11 de setiembre de 2001.
WASHINGTON - Cuando Juana Condorí, hoy de treinta y tres años, recibió el ofrecimiento de trabajo en su tierra boliviana, le pareció un sueño hecho realidad: viajar en avión por primera vez, vivir en los Estados Unidos y trabajar para un diplomático. Pero ya en Washington, la flamante niñera y ama de llaves empezó a sentirse prisionera. Según cuenta, la familia de su empleador, Jaime Aparicio, diplomático en la OEA, la obligó a trabajar los siete días de la semana, le retuvo el pasaporte, no le dio la llave de la casa y le prohibió salir sola, incluso para asistir a misa. Durante dieciséis meses trabajó a menudo 90 horas semanales por un sueldo de 220 dólares mensuales, una fracción del salario mínimo. "Me entusiasmaba de veras venir aquí, pero ahora veo que en los Estados Unidos se sufre mucho", dice.
Tras la fachada fascinante de Embassy Row se ocultan muchas historias tristes. En la última década, más de 35.000 empleados domésticos, en su casi totalidad mujeres jóvenes, recibieron visas especiales para servir en casas de diplomáticos, en Washington y Nueva York, con frecuencia cumpliendo jornadas mucho más largas y por una paga mucho menor de lo prometido.
Empleados prisioneros
Human Rights Watch, entidad defensora de los derechos humanos, ha dado a conocer su informe Ocultas en casa. El abuso del personal doméstico con visas especiales en los Estados Unidos. En él, acusa al gobierno norteamericano de hacer demasiado poco por proteger a esta gente. Y declara: "Vienen a los Estados Unidos huyendo de la pobreza reinante en sus países de origen, pero, con excesiva frecuencia, pasan a figurar entre los trabajadores peor remunerados del mundo, prisioneros de algunos de los empleadores más poderosos del mundo".
El informe denuncia que, en promedio, trabajan catorce horas diarias por 2,14 dólares la hora, alojamiento y comida incluidos. Los grupos defensores de los derechos humanos, los inmigrantes y la mujer tratan de presionar al Departamento de Estado y las organizaciones internacionales (Banco Mundial, OEA, etcétera) para proteger mejor a estas personas que, por lo común, saben poco o nada acerca de sus derechos o dónde pedir ayuda. Al entrevistarlas, cuentan que las abofetean, les gritan y las agreden sexualmente. A varias les dijeron que los Estados Unidos eran un país peligroso y, si salían a la calle, serían atacadas. Algunas mujeres han llegado a entablar pleito contra sus ex empleadores, acusándolos de haberlas sometido a una servidumbre involuntaria al prohibirles salir a la calle.
La mauritana Hapsaton Sarr dice haber trabajado casi ocho meses en Washington, como niñera y ama de llaves de un funcionario del Banco Mundial, sin recibir paga alguna. Dormía tendida en el piso, en el cuarto de uno de los niños. En una ocasión, su empleador la abofeteó por haberse olvidado de llevarle un tenedor. Si se quejaba, solían dejarla sin comida. No le permitían salir sola y la esposa del funcionario escuchaba sus conversaciones telefónicas, por si acaso pensaba fugarse. "Yo no sabía a quién explicar mis problemas. Tenía ganas de suicidarme", recuerda.
Lydia Altamirano abandonó sus estudios universitarios en Nicaragua para emplearse en casa de Edmundo Jarquin, funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo. En sus primeros tres años de estada en Washington no tuvo un solo día de descanso y en las refinadas cenas que frecuentemente ofrecía la familia debía trabajar hasta la medianoche. Ha iniciado un juicio contra Jarquin. El abogado de este, Paul Reichler, dice que sus denuncias de trabajo excesivo son falsas y que Altamirano pretende chantajear a la familia. Numerosos diplomáticos afirman que muchas veces sus demandantes inventan abusos o los exageran.
En su informe, Human Rights Watch llega a la conclusión de que una de las principales causas de abusos es la visa especial otorgada a estas auxiliares domésticas, pues solo les permite residir en los Estados Unidos mientras trabajen para un diplomático. Ellas saben que si abandonan la casa de su empleador corren el riesgo de ser deportadas. "Pueden permanecer en la situación abusiva, regresar a su país de origen, típicamente paupérrimo en lo económico, o abandonar su empleo y quedarse en los Estados Unidos como inmigrantes indocumentadas", explica Kimberley Propeack, abogado de Casa de Maryland, un grupo que defiende los derechos de los inmigrantes.
El informe recomienda que el Congreso les conceda el derecho a buscar otro trabajo si sus empleadores abusan de ellas o violan las leyes sobre jornada laboral y salarios. Señala que muchos diplomáticos firman contratos donde prometen la semana de 40 horas y un salario mínimo de 5,15 dólares por hora, pero después ignoran esos contratos. Human Rights Watch opina que el gobierno debería proporcionar los recursos adecuados para hacerlos cumplir. "Estas trabajadoras cumplen los reglamentos e ingresan legalmente en el país -advierte Carol Pier, autora del informe-. Por lo tanto, cabría suponer que el gobierno norteamericano procurará protegerlas de los abusos. Las visas se convierten en instrumentos coercitivos del empleador."
"Estamos tomando muy en serio este asunto", replica Philip Reeker, vocero del Departamento de Estado. Están instando a los diplomáticos a acatar las leyes laborales; asimismo, instruyen a las trabajadoras acerca de sus derechos en el momento en que solicitan la visa. Defensores de los inmigrantes.
Ante las acusaciones de abusos cometidos por su personal, el Banco Mundial exige que se abstengan de retener los pasaportes, firmen contratos que garanticen un salario mínimo y asistan, junto con sus empleadas domésticas, a seminarios donde se explican los derechos de estas últimas. "Hay una dificultad -acota John Donaldson, vocero del banco-. Esta gente no es empleada nuestra, sino de nuestros empleados. Esperamos de estos que acaten las leyes norteamericanas y respeten a todo aquel que trabaje para sus familias."
Los defensores de los inmigrantes elogian estas medidas, pero dicen que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional deberían ejercer un mayor control. Por ejemplo, interrogar a las auxiliares domésticas respecto a posibles abusos.
Juana Condorí dice que fue violada por un conocido de la familia y su empleador se negó a comunicarse con la policía o hacerla ver por un médico. Por consiguiente, acusa al diplomático de infracción de las leyes salariales, negación de asistencia médica y encubrimiento. Por intermedio de un abogado, los Aparicio rechazan el primer cargo y alegan ignorar la supuesta violación. Condorí huyó del domicilio de los Aparicio y ahora limpia la casa de un ejecutivo. Espera regresar a Bolivia no bien termine el juicio. "Quiero quedarme hasta estar segura de que el hombre que me hizo esto va a la cárcel", concluye.
(Traducción de Zoraida J. Valcárcel)


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