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domingo, 20 de diciembre de 2009

Muñoz Molina y el totalitarismo académico


Muñoz Molina y el totalitarismo académico
Un artículo del periodista Carlos Tena



inSurGente.- "(...) Ahora resulta que, si lo decide la Real Academia de la Lengua Española (dictadura aberrante, machista y caprichosa donde las haya), el término comunismo podría contener en la definición que se avecina, defendida por Muñoz Molina, y disculpen la rima, el adjetivo totalitario, debemos caer literariamente encima de esta solemne gilipollez, cantando las verdades del barquero a los miembros y miembras (hija, Bibiana, qué pesada estás, rica), porque ante todo es incierto, hipotético, carente de rigor y tan subjetivo como la utilidad de la Academia. Sin embargo, Muñoz Molina se calla, cual zorra al acecho de la Gallina Papanatas (madre de la peregrina propuesta), y no clama que todas las monarquías han sido y son totalitarias, escandalosas, injustas, crueles e inútiles para la ciudadanía, a no ser que el paisano de Joaquín Sabina nos convenza de que cuando los medios de comunicación ensalzan al Jefe del Estado, es porque ese Borbón defiende principios democráticos, aunque no le haya salido de las gónadas, en toda su puñetera existencia, condenar los crímenes de Franco. Y el TOP, o sea, la Audiencia Nacional, y menos el juez Garzón, han exigido al monarca que rectifique. (...)"

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Muñoz Molina y el totalitarismo académico

Por Carlos Tena



Supongamos que el suegro de Manolito Gafotas sabe reunir letras para que parezcan palabras, y tras lograr reunir unas cuantas, las ordena según su particular criterio, para lograr una frase más o menos inteligible.


Supongamos que el feliz esposo de Elvira Lindo, madre de Manolito, primo ideológico de Harry Putter, con título de Gilipollas cum Laude, a su vez biznieto político de Peter Pan, consigue determinadas amistades desde cuando servía a la Patria en cuarteles estupendos, hasta su recolocación en la derecha del PSOE, esquina a PP, cerca de la Calle de en Medio.


Imaginemos que el padre putativo del Gafotas, entra en el pesebre, cosecha del 83, e inicia su irresistible ascensión hacia la gloria de las letras, cual es convertirse en Cardenal de la Curia de la Real Academia Española de la Lengua, donde más de 40 miembros, se dedican a machacar nombres, verbos, adverbios, adjetivos e incluso onomatopeyas, entre el sufrimiento silente de las miembras (de nada, Bibiana) contadas con los dedos de una mano, que disfrutan de un sillón.


Imaginemos que existen, en eso que se llama España, más de mil candidatos a una plaza, aunque haya que esperar a que alguno de aquellos titulares muera o dimita (menos habitual que el primero de los verbos), en la seguridad de que el Sanedrín, que atiende las indicaciones de la Casa Real y no del Ateneo, decide a favor de lo que se llamaba, académicamente, un enchufado del calibre de Muñoz Molina, a quien cita, como blasfemo literarios, el insobornable escritor sevillano Manuel García Viñó, cuando responde a una pregunta directa, de esas que exigen varios pares de huevos.


- ¿Cómo calificaría a la pléyade de escritores que, además de juntar palabras con destreza contrastada, se dedican a impartir lecciones de fe monárquica y españolismo, como Javier Marías, Antonio Muñoz Molina, Rosa Montero, Fernando Savater o Arturo Pérez Reverte, por citar los más cualificados y significativos?



La calificaría sencillamente de grupo de malos escritores, artificialmente lanzados a la fama y al éxito económico, con el consentimiento de una serie de críticos y profesores universitarios vendidos al sistema. Tengo que añadir que no creo que se pueda decir con justicia que esta gente junte las palabras con "destreza contrastada". Los mejores no pasan de la redacción colegial simplemente correcta. Javier Marías es sin duda quien peor ha escrito en español en todos los tiempos y lugares. Otros, que usted nombra o no, pero que están sobreentendidos, como Muñoz. Molina, Elvira Lindo, Almudena Grandes, Maruja Torres, etcétera, se expresan en una prosa realmente pedestre, especialmente la última nombrada. (…/…) Casi todos ellos han ejercido de republicanos, hasta que ha convenido ejercer de monárquico.


García Viñó, poeta, abogado y crítico de arte, que domina el lenguaje con la maestría con la que Messi se cuela entre cinco defensas, siendo además cabeza visible de la excelente página “La Fiera Literaria” (http://www.lafieraliteraria.com/), no tiene pelos en la lengua a la hora de denunciar, al igual que acontece en el terreno de la música popular, las tropelías que se cometen en el orbe novelístico, en nombre sagrado de la publicidad más descarada, que llevan enormes dosis de trucaje y palabrería, para encerrar en el huerto de la inopia al incauto lector, hipnotizado de antemano por la promoción de un autor como los citados, que suele llegar hasta la cocina del hogar en forma de prensa, radio y, pocas veces, de televisión.



Ahora resulta que, si lo decide la Real Academia de la Lengua Española (dictadura aberrante, machista y caprichosa donde las haya), el término comunismo podría contener en la definición que se avecina, defendida por Muñoz Molina, y disculpen la rima, el adjetivo totalitario, debemos caer literariamente encima de esta solemne gilipollez, cantando las verdades del barquero a los miembros y miembras (hija, Bibiana, qué pesada estás, rica), porque ante todo es incierto, hipotético, carente de rigor y tan subjetivo como la utilidad de la Academia.


Sin embargo, Muñoz Molina se calla, cual zorra al acecho de la Gallina Papanatas (madre de la peregrina propuesta), y no clama que todas las monarquías han sido y son totalitarias, escandalosas, injustas, crueles e inútiles para la ciudadanía, a no ser que el paisano de Joaquín Sabina nos convenza de que cuando los medios de comunicación ensalzan al Jefe del Estado, es porque ese Borbón defiende principios democráticos, aunque no le haya salido de las gónadas, en toda su puñetera existencia, condenar los crímenes de Franco. Y el TOP, o sea, la Audiencia Nacional, y menos el juez Garzón, han exigido al monarca que rectifique.



El suegro de Manolito Gafotas se declara así como anticomunista visceral, en tiempos en los que la izquierda busca una complicada unidad. Orinando fuera del tiesto, Muñoz Molina suelta la pedorreta de su intolerancia de raíz religiosa, franquista, borbónica, y lo que es peor, nauseabunda desde una estricta aplicación de la ética académica, virtud que siempre ha ignorado voluntariamente.


Me dolería ver a cientos de adolescentes, si el plan Bolonia lo permite, que pudiesen dedicar su vida al estudio de la literatura, las humanidades, el arte, la filosofía, etc., creer que Pablo Neruda, Rafael Alberti, Gabriel Celaya, Blas de Otero o Miguel Hernández, escribían poesía con aroma totalitario; me molesta mucho imaginar a mis nietos rechazando acudir a una exposición de las obras de Oscar Niemeyer, porque sus edificios despiden hedor comunista; me hiere que quienes se extasían ante la obra de Picasso, deduzcan que el Gernika es un cuadro asesino; o que no disfruten de la obra de García Márquez por su prosa totalitaria; o negarse a un ciclo de películas de Pasolini por motivos de corte similar. Muñoz Molina demuestra que la pretensión es académicamente rastrera, además de estúpida ¿Se imaginan un intelectual comunista vetado para acceder a la Academia de Bellas Artes, o a la del Cine?


Y además, nunca concedáis crédito a un tribunal formado por aparentes sesudas mentes, que obligan a que escribamos güisqui o yoqui, cuando lo que queremos teclear es whisky y jockey, o están convencidos, como el gaznápiro de Muñoz Molina, que la repoblación forestal es follar debajo de un pino.


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